6.11.09

¿Qué hace Murphy en mi pastelería? China IV.

24 de Agosto de 2009, Dunhuang (China).

Hoy he terminado con todo lo que hay que ver en la ciudad, que por cierto me ha resultado muy interesante, bastante más de lo que esperaba. Lo de ver in situ el último tramo de la Gran Muralla China, que esta si que es inmensa, y los últimos (o primeros, según se mire) pasos de la misma, me ha gustado mucho. Te invita a retroceder en el tiempo. Puedes sentir lo que se cocía por estos lares. Es fácil imaginar y, aunque no entiendo mucho ni de arte, ni de historias (y menos chinas), he podido ver a los soldados ahí, pidiendo la documentación a todos los mercaderes que sacaban sedas del país y regresaban con jade de Khotan. Resulta casi increíble comprobar cómo cercaron toda la frontera norte del país con una vallita de 5 metros de grosor, por 10 de altura. Y también la cantidad de gente que pasaba sus días vigilando el muro. Nada menos que 5000km de muro!!

Por el camino, he podido disfrutar de las vistas de enormes dunas de arena. Ya sabía que el desierto estaba cerca de esta ciudad, el desierto arenoso me refiero, pero ¿tan cerca?. No entiendo cómo no es enterrada en una de esas tormentas de arena que caracterizan este clima. El caso es que me he interesado y he conseguido averiguar un lugar donde te organizan noches en el desierto, al que se accede en camello.

He ido, me han dicho que estaba a tiempo de partir, pero inmediatamente, así que, a pesar que hoy tenía que continuar camino, me he decidido a quedarme un día más, solo un día para "catar" ese desierto que tantas ganas tengo. Iré a otro, con mucha más extensión de arena, pero tengo tanto mono, que no me he podido resistir.

Me llevan a casa de un hombre, Mr. Li. De piel curtida y tostada, pequeña envergadura y ropas ajadas, pero con un semblante pleno, radiante de experiencia. Camina tranquilo, su voz transmite paz, aunque no habla inglés, es mejor escucharle en chino, o sencillamente sentirle, porque es un ser especial. Tras preparar cuatro cosillas, me invita a subir al dromedario. Aquí son muy lanudos y robustos. Llevamos también uno pequeño "atado" tras el grande, imagino que lo están educando. Le ha colocado, atrás, en el rabo, una trenza de la que cuelga una botellita de agua vacía y va todo el camino dando coces a la botella, extraño baile.

Está nublado, mucho para estos lares y en esta época del año, pero lo está y eso significa que el ocaso me lo pierdo y a rezar para ver si hay suerte con las estrellas.

Mr. Li va delante, camina guiando a los camellos. Desde que dejamos la ciudad, durante unos 2km., caminamos por un cementerio budista. Es curioso, muy diferente a los nuestros. Tienen una parcela, bastante grande, lindada con montoncitos de arena, como cuando bajábamos a la playa a primera hora en Agosto para "reservar nuestro espacio". Algunas están delimitadas con una diminuta valla de 3 o 4 ladrillos de altura, deben ser las de los ricos, porque son pocas y siempre coincide con las que tienen una pared detrás. Al fondo, con altar o sin el, justo frente a la entrada, está la tumba: un montón de arena, en ocasiones recubierta de ladrillos de adobe, redondo y generalmente con unos palos de madera clavados de forma irregular. Ante el cono arenoso siempre un par de ladrillos con uno mayor atravesado encima, a modo de pequeño altar, donde les queman supongo que el incienso. A la espalda, solo en algunas, hay una especie de tríptico de ladrillo, ocasionalmente enfoscado, con tejadillo muy a lo chino. Esas, como digo, deben ser las de los más adinerados. Al entrar al cementerio Mr. Li ha comenzado a tatarear algo, no entiendo nada claro, pero juraría que son como ¿salmos?

De vez en cuando nos paramos para hacerme alguna foto subida al camello con las enormes dunas como telón de fondo. Pensé que me dolería más el culo, por el tute de buses que lleva, pero no, el apoyo es sobre los isquiones, así que mañana agujetas fijo. Cuando el terreno es llano todo va genial, no es mi primer dromedario, pero cuando hay que bajar la duna (después de haberla subido, claro está), se le remueve a una hasta el alma de los trompicones que pega el camello.

Hace ya rato que dejamos atrás la llanura. Vamos sorteando dunas bajo la tutela del "hombre del desierto". Siempre hay alguna más alta que la nuestra, pero empiezan a verse las cimas de las que vamos dejando abajo. El paisaje me estremece, no se ni a donde mirar, todo es arena. Ya he perdido la percepción de proporción, tamaño y distancia. Ya no tengo perspectiva. Tras ellas, justo de frente y por nuestra izquierda se acercan un par de cortinas de agua, de esas que estiran el gris de la nube hasta el suelo. El aire comienza a peinar la cumbre de las dunas. Es el momento de ponerse el pañuelo, al más puro estilo beduino, o esta noche cenaré picadillo de cuarzo y pirita.

Han debido pasar unas tres horas desde que salimos. Mi culo empieza a quejarse del traqueteo. Llegamos a un rellano acuartelado por una enorme duna en forma de media luna. Será nuestro refugio. Mr. Li lo prepara todo, no me deja hacer nada. Me ha mandado a subir la duna, pero mira, va a ser que estoy un pelín cansada, casi mejor mañana con la fresca.

Saca la tienda de campaña y, tras una leve discusión (en chino y español), entre un montón de risas, el ha decidido que la pone. Si llueve la necesitaré y si no pues duermo fuera. Está preparando la cena y, lo que estábamos esperando, el agua como caída del cielo, pero sin el "como". Pues va a ser que sí necesitaría la tienda. No ha llegado ni a 10 minutillos de lluvia, ni siquiera ha sido muy intensa, pero estar en medio del desierto y que te llueva... ¡¡traedme a Murphy que lo mato!!

Lo cierto que es ha sido otra nueva experiencia embriagadora, porque solo se oye llover. En medio de la nada, cada gota de agua resuena en el eco de la gravilla. Casi puedo escuchar los suspiros de alivio de cada granito de arena, y cómo el agua resbala entre ellos para mojarlos a todos.

La cena muy poco auténtica, noodles de sobre, pero el entorno me alimenta como para que en esta ocasión me parezcan un manjar, incluso siendo picantes.

Quiero grabar el sonido del silencio, pero este Li no me deja sola un segundo y hace ruido, así que hasta que no se duerma nada. Y mucho menos si me ve con la cámara, que todo el rato quiere ver lo que grabo, mira que son curiosos. Nos vamos a la cama.

Algo me despierta, que digo yo que habrán sido los millones de estrellas que iluminan el cielo, porque Mr. Li duerme, pero no ronca. Los camellos duermen y están lejos, aunque roncasen no me despertarían. Seguro, han sido las lucecillas inquietas, para que no me las perdiese. La arena está fría, pero da igual, el cielo me arropa.

Comienzo a subir la mole de arena y ¡¡sorpresa!!, suenan una especie de... no se cómo describirlo, ¿voces? No, he mirado alrededor y no hay nadie, Li sigue durmiendo, es imposible, pero las oigo bajo cada pisada. Mi teoría es que en el silencio absoluto del desierto, la arena suena al desprenderse y precipitarse bajo mis pies. Pero en serio, es que o yo tengo mucha imaginación o parecen como gemidos o alaridos muy, muy lejanos, pero de personas. La verdad, da un poco de acojonin, solo he llegado a media duna, a parte de que es bastante alta, me ha entrado el canguelo y me he quedado allí quietecita escuchando, pero nada, solo se oye al pisar la arena. Así que ya sin ruiditos raros, me dejo embelesar por todas esas constelaciones, las que conozco, que me encanta jugar a identificarlas y las que no conozco, que también me divierto como un bebé uniendo puntitos para formar dibujos y "crear" mis propias constelaciones.

Y me siento afortunada porque, sin quererlo, sin elegirlo, me ha tocado luna nueva. ¡¡Qué maravilla!! Han encendido todas las estrellas para mi solita, y hay tantas... tantísimas...

Acurrucada en el regazo de la Osa Menor, y mecida por la Osa Mayor. Escuchando una dulce nana entonada por Casiopea, me abandoné al amparo de Morfeo.

PD: Siento repetir de foto y que solo haya una, pero ya sabéis, no las tengo disponibles ahora, así que cuando regrese lo documentaré mejor.

3 comentarios:

  1. Me encanta Yola,yo quiero una noche así!

    Besotes

    Teresa

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  2. a mi ya me quedan solemente 28 dias para tener mas de una noche asi pa mi solito jejejejeje.

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  3. Teresa, alucinante del todo dormir "al raso" en cualquier desierto. También en zonas montañosas (lo que he descubierto en este viaje), pero vamos, que pa mi como los desiertos, pocas cosas, jeje. Si tienes ocasión, NO LO DUDES!! Besazo!!

    Rizal!!! 28 días tío!!!, no fastidies, que no te voy a ver a la vuelta pendejooooooooo, me dijiste que era más adelanteeee!!1 Jeje, me alegro muchísimo, en serio... aunque a ver ahora qué hago con la info que te pillé, juas (bromaaasssss). Oye, disfrutalo con toda la intensidad, vas a flipar, lo se, jeje. Me encanta que te vayas. Besazo!!!!

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