El que llaman "último gran bastión de la gran muralla" me sorprendió muy gratamente, Por un lado no pensé que vería la gran muralla china en este viaje y ahí estaba la interminable pila de ladrillos de adobe, de 5m de ancho por 10m de altura. No daba crédito. La visión de aquella pared serpenteando entre montañas a un lado y por el desierto a otro era sobrecogedora. Lo poco que había leído sobre ella era todo de las proximidades de la capital de este gran país, Beijín, lo que queda muy lejos, lejísimos de aquí. Y te da por pensar en todos esos trabajadores que levantaron un muro de más de 5000Km. Las fotos que había visto parecían ladrillo, y esto es adobe. Y, no se muy bien por qué la imaginaba más alta y ancha, o será que en esta inmensidad se pierde la perspectiva.El paso de Jiayuguan está excelentemente conservado, de hecho presume de ser la construcción de adobe mejor conservada, y puede hacerlo, de no conocer su edad (casi 700 años) pareciera que se construyó hace unos añitos. Posiblemente este sea el motivo por el que el lugar en sí mismo invita a sumergirse en aquél pasado. Se siente al mogollón de comerciantes pasando "revista" ante los serios y estirados militares chinos. Con aquellos trajes, los burritos y camellos, las mercancías. Casi se puede escuchar cómo estampaban el sello que les daba paso. Desde el pequeño templo, pasando por el teatro, y hasta el último torreón, se respira aquel ambiente de paso comercial. Hasta creí ver un soldado cabeceando en una de las garitas.
Es un lugar bastante turístico, pero solo hay turismo chino (lo peor), aunque como van en grupos es relativamente fácil escabullirse y hacer la visita prácticamente sola. Me pasé allí mis buenas 4 horas, porque este relleno de pastel me gustó bastante y se empieza a respirar una energía diferente.
Comí en el mercado por 2 perras, que aquí empiezan a ser diferentes, no huelen tan mal, están mejor organizados y los vendedores no atosigan, solo sonríen y te dan a probar su producto, sin apenas mediar palabra. Paseé un poquito la ciudad y cuando el bajón de cansancio me abordó me fui al hostal a descansar, que de nuevo tocaba madrugón.El bus salía temprano hacia Dunhuang, 6 horitas me llevaron hacia el último oasis del desierto de Gobi y última ciudad de la provincia de Gansu. Seguimos con calles enormemente anchas y perfectamente limpias, pero comienzan a desaparecer los rascacielos, son pocos los edificios que levantan más de 4 plantas y aparece lo que llaman "la antigua ciudad de...", es decir, una especie de pueblito de casas de adobe de población uigur, que suele quedar a las afueras de las nuevas ciudades que los chinos han construido.
Aquí hay más gente que habla inglés, pero solo en alojamientos, restaurantes y agencias cogidas con pinzas. Casi todos los puntos de interés quedan a las afueras y algunos bastante lejos, y las excursiones con guía de habla inglesa salen al doble o el triple de precio y encima estaba sola entre un mogollón de turismo chino. No me quedó más remedio que hacer una de esas excursiones en chino, lo que terminaba resultando muy divertido. A parte de que, como no entiendo nada, paso de quedarme a escuchar la explicación, y como no tengo nada de información me dedico a sentir los lugares, más que a solo verlos, lo que le da un valor añadido a todo el disfrute.
Primero, por mi cuenta y riesgo, o sea, en bus local, visité las famosas cuevas de Mogao y algunas cosillas de la ciudad. Luego, en aquella excursión visitamos Yanan, una zona del desierto donde el viento ha esculpido extrañas formas en las rocas que afloran del suelo; un par de pasos, Yumen Pass, en la ruta norte y Yangguan Pas, en la del sur. Estos ya si que eran los últimos, pero solo quedan unos montoncillos de barro enladrillado. Y los últimos restos de la gran muralla, ya abandonada hace siglos y en completa ruina.Tengo que hacer un inciso para decir que el turismo chino es INSOPORTABLE. No tengo una sola foto donde no haya un par de chinos que se adelantan corriendo, como si fuesen las rebajas, para hacer sus fotos sin gente. Son bastante mal educados en general, y guarretes hasta decir basta!! Incluso los guías reniegan de ellos.
Enlacé esa excursión con mi noche de Gobi. Me dejaron en la agencia-bar-restaurante y de allí fuimos al encuentro con mi guía y sus camellos, Mr. Li, "el hombre del desierto", pero eso mejor os lo cuento otro día.
PD: Las dos últimas fotos no son mías porque como ya dije no tengo acceso a mis fotos de China. Las he bajado de la red, pero es que he perdido las páginas, sorry.
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