23.11.09

Kashgar, "La Perla de Xinjiang". China IX.

El cansancio acumulado quería apoderarse de mí, pero no se lo permití, es domingo y, lo de las ferias de ganado que tanto he oído en España y que allí ahora están sembradas de artesanía y productos locales, aquí todavía existe, y yo tengo que verlo.

Dejo los bártulos, duchazo y al mercado de ganado. Me resultó impresionante lo bien ordenadito que tienen todo. Vacuno, ovino, equino... Hay unas ovejas muy graciosas, como si tuvieran un miriñaque en el culo, y son muy preciadas por venir de lejos, esas no son autóctonas. Y los culos se venden bien caros en el mercado (solo es grasa). Y otras con unas orejas enormes, las bauticé como oveja-dumbo. Algunos toros son preciosos, me gustan los pelirrojos. Y los caballos me sorprendieron bastante, porque los esperaba más del tipo percherón, por aquello de que los franceses se los robaron a los árabes en las cruzadas. Pero deben ser otros árabes porque estos de aquí tienen caballos, valga la redundancia, estilosos, finos y muy elegantes, o sea, lo que conocemos como raza árabe, preciosos.

Además se puede ver cómo les "calzan" y cortan las "uñitas". También venden todo tipo de utensilio necesario para la ganadería, y frutas y verduras, sobre todo melones de Hami, para que los participantes de tal evento puedan refrescarse un poco entre venta y venta.

Y doy gracias porque no había camellos, estaba toda dispuesta a comprarme uno para ir al desierto con mi propio camello. Me encantaría hacer eso algún día.

El asunto comercial no es menos curioso. El vendedor expone. El comprador busca y compara. Cuando ha elegido lo que quiere aparece la figura imprescindible del intermediario, que gestiona el "acuerdo", o sea al regateo, entre ambos y se lleva su parte claro. Lo que se convierte en un regateo múltiple, normalmente con espectadores. Todos se ponen muy serios y negocian que parece que están cabreados, pero al final todos se dan la mano y tan contentos con la operación a comerse un meloncito juntos. Lo que no se, es quien pagará el melón.

Cuando me harté de meter mi nariz por allí, le dije al taxista que me diese una vuelta por los lugares destacables de la ciudad. Así me llevó a la tumba de nosequien, que ya os contaré. Al lado hay un cementerio musulmán, con su historieta de tumbas de hombres, de mujeres y niños, diferencias y demás, que ya contaremos algún día.

Estuvimos paseando por el mercado de los domingos, que resulta bastante menos interesante de lo que esperaba, y de allí a la vieja ciudad de Kashgar, la de adobe que queda un poquito a las afueras. Aquí aprendí que las puertas de las casas, siempre de dos hojas, tienen un significado diferente según cómo esté abierta o cerrada. Así, las dos hojas de la puerta cerradas, significa que el varón, el "cabeza de familia" (todavía se creen que son los hombres, jeje), no está en casa, por tanto no se puede pasar y menos si eres hombre. Si hay una hoja abierta si está, con lo que hay que pedir permiso para pasar y ser invitado. Y si las dos hojas de la puerta están abiertas es que hay invitados, y se puede pasar tranquilamente!! Es como si te invitaran a pasar por tener la puerta abierta.

De allí fuimos a la plaza Id Kah, que sirve de entrada y refugio para la mezquita, del mismo nombre, más grande de la ciudad. Por supuesto visita de rigor y ya, muerta de hambre y sin un sitio donde me den de comer, estaba a punto de desfallecer, cuando al despedirme de mi taxista me llevó a una calle donde, en una media hora, empezaría todo el movimiento. Eso me dijo.

Había algunos puestos de artesanía, hierbitas, boinas, navajas... Y de la manera más tonta, así como de la nada, empezaron a aparecer puestos de comida: kebabs, asados (siempre de cordero), panes con sabores deliciosos, como a cebolla, hierbas varias, picantes, rellenos de carne (si de cordero), o sea como empanadas pero con otro nombre, frutas, verduras, guisos... En fin que me puse fina vaya. Y aproveché para comprar algunas cosillas para el desayuno, porque es ramadán y no, no pienso levantarme a las 5 de la mañana para pillar algo. Porque advierto que, incluso en el hotel, no dan desayunos a menos que hagas petición expresa.

Kashgar me estaba pareciendo demasiado grande. La parte construida por los chinos es, como en las anteriores, de calles enormes, todas como avenidas, grandes y nuevos edificios, limpieza, más o menos orden, en fin una ciudad, donde, ilusa de mi, di por hecho que podría comunicarme antes de irme al desierto. De hecho vi varios cibercafés y en el hotel tenían wifi.

Al día siguiente intenté por todos mis medios comunicarme pero, las revueltas acontecidas en Urumqi, la capital de Xinjiang, hace apenas un mes, irritaron al gobierno chino, hasta el punto de cortar todas la comunicaciones en toda la provincia, especialmente las internacionales. Castigados durante tres meses. Me contaron que lo mismo pasó el año anterior con Tíbet y les cortaron comunicaciones 10 meses, increíble pero cierto. Hasta el día de la nación, en Octubre, incomunicados. Eso, siempre y cuando se mantengan calladitos.

De hecho hay que pasar un millón y medio de controles policiales chinos en los viajes de bus. Son tantos que los conductores recojen la documentación de todos los viajeros y pasan ellos los controles, porque no llegaríamos nunca a destino si nos tenemos que bajar y pasarlos de uno en uno. También las calles están sebradas de policía antidisturbios, que parece que lo único que hacen es lucirse, pero no, de vez en cuando salen de su guarida acolchada, en pareja o batallón, para llamar a atención a un chaval que se ha sentado en el suelo.

Me tomé el día de paseito tranquilo y demás, para investigar la "operación Takli". Pero Kashgar ya es demasiado grande y turístico, de modo que, aunque por lo acontecido ha bajado el turismo y con ello los precios, sigue siendo demasiado caro (un poco jetas la verdad).

Tomé el mapa y vi que había otra ciudad, más o menos grande y factible para la "operación Takli" y, ni corta ni perezosa, me enchufé otras nueve horas de bus hasta Khotan, ciudad polvorienta donde las haya.


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