20.11.09

Camino de Kashgar. China VIII.

Había dormido unas tres horas, antes de tomar aquél bus-cama. Y me subía con un cierto atontamiento, no solo por el vinito de Turpan, sino también, por todo lo acontecido en días previos. No tenía la menor idea de la hora o el día que eran. Ni qué decir de los días que llevaba en China, los que me quedaban de visado y todas esas cosas logísticas. Solo imaginaba que tendría tiempo.

Los tres conductores uigures me miraban con cara de "esta viene de la fiesta seguro" y yo, que me sentía incomprensiblemente tan fresca, me dediqué a entablar conversación. Más que nada por aquello de que voy a necesitar que paren más de una vez, y sé yo que estos no paran hasta la hora de comer. Ah, por cierto!!!, que es que estamos en ramadán, no se si lo había comentado, y ya sabes, aquí son musulmanes, pero hasta la médula vamos, así que esa parada de la hora de comer es ya por la noche (a las 19:00 exactamente). Y no, a no ser que lo pidan varios pasajeros de forma insistente, no paran entre medias.

Fueron aquellos conductores los que, no se ni como, me contaron lo de la vendimia, el ramadán, y algunas otras cosillas de interés. Quiero decir que no se ni como les pude entender, porque ellos se montaban unos teatros explicativos entre los tres, y ocasionalmente algún pasajero espontáneo, de aúpa. En aquél bus había muy buen rollito la verdad.

En un momento dado me dí cuenta que estábamos atravesando una llanura desértica, difícil de limitar. Flanqueada en nuestra derecha, allí a lo lejos, por enormes moles de rocas coloridas. Aquellas montañas se fueron aproximando poco a poco, hasta que, en cierto momento, la carretera tenía que sortearlas. Y pasado un rato, volvieron a alejarse poco a poco, hasta que la luz de la noche las ocultó en el horizonte.

Los conductores me invitaron a cenar con ellos, que comen a parte de los pasajeros. Y oye, que me van a caer hasta bien a mí estos uigures, que llevo dos días sin soltar un duro. Hasta agua y unas uvas me compraron, debían verme necesitada todavía.

Una de las cosas más curiosas de este viaje, y que no puedo dejar de mencionar, por escatológico que quede, son los aseos públicos de la zona. Ya había leído algo sobre ellos, antes de entrar en China. Y el primero me lo encontré en la misma parada de bus, cerca de la frontera, el primer día y el primer pis. Yo creo que fue incluso en mi primera hora del país. Si, resulta que son así como muy comunitarios. A veces (solo a veces) tienen unos muretes bajos que separan los departamentos... iba a decir inodoros, pero vamos a llamarlo X porque no, inodoros no son. Es una fosa "corrida" y bastante mal oliente, que rara vez tiene agua para que lo que sea corra y se vaya. A eso hay que sumarle lo higiénicos que son los chinos, en general (por que los aseos públicos de donde sea, ya se sabe), y ya está el coctel perfecto para que todo escrupuloso decline visitar el gran país, o venga sondado.

El caso es que ya venía yo curada de espanto en este sentido, o eso creía. Pero siempre hay algo nuevo que aprender. Los "aseos" están detrás del bar, o al pie de la carretera, según toque. Vale, me acerco, por supuesto con mi rollito de papel que aquí lo he sacado más veces que el mechero (y ya es decir). A unos 4 ó 5 metros ya te va dando el olorcillo, justo cuando diviso aquella estructura de adobe (otras veces de cañas), sin techo (esto es de agradecer, porque a los cerrados no hay quien entre), con cabecitas que suben y bajan como si de un guiñol se tratase. Identifico la entrada porque sale una mujer (las mujeres siempre entramos por la derecha, no entiendo por qué, pero así es).

Me aproximo. Como a un metro el olor ya es nauseabundo, así que cierro la entrada olfativa y respiro por la boca. Subo unas escaleritas y me encuentro una zanja en la tierra, atravesada por varios maderos mugrientos, como una vía de tren invertida, que servirán de único apoyo. Por supuesto aquí no hay agua de ninguna clase, todo se va acumulando en la zanja, todo. Así que más que un aseo, parece un estercolero humano. Y no es por entrar en detalles, pero vamos, entre los montones de mierda, residuos menstruales, y el regadío de orina... Espero que lo estés imaginando y te estés muriendo del asco, porque yo también lo sufrí, y es repulsivo. Vamos prefiero cualquier esquinita, campo, bosque o lo que sea, que aquello. Y no es por la ausencia de intimidad, NO, a mi lo de la intimidad me importa bastante poco.

En fin que no hice fotos, porque evidentemente no tengo ni tanto aguante, ni tanta mala uva como para enseñaros aquellas cloacas, pero, hice ese croquis que veis, espero que se entienda algo.

Les costó dejarme dormir, venga a preguntarme cosas. Bueno no fueron muchas preguntas, pero claro cada una lleva su tiempo de interpretación teatral. Así que cuando todo el pasaje se había quedado frito viendo aquella "peli", y yo había bostezado unas quinientas mil veces, pues decidieron dejarme dormir. Cosa que hice a pata pelín encogida, pero metafóricamente bien suelta, durante las siguientes... solo 7 horas.

Digo solo porque bien podrían haber sido muchas más que nos quedaban de viaje, pero claro ¡¡¡que estamos en RAMADÁAAAANNN!!! La otra parada oficial, que si, que en un viaje que nos supuso casi 18 horas solo paran dos veces (más unas cuantas tras mis súplicas de pshssssss), fue a las 5:00 para tomar el último alimento, o primero del día y último hasta la noche. No chatos de verdad, que yo no soy musulmana, vosotros comed, pero a mi, con este cuerpo que traigo, recién despertada y a las 5:00 de la mañana, como que no me entra un kebab picante y un sopote de nosequé con noodles.

Y tras la aventura de mi viaje más largo y entretenido hasta la fecha, llegamos a Kashgar a eso de media mañana, con un cuerpo-escombro que ni te cuento y una gran ilusión por descubrir "la perla de Xinjiang" y por la proximidad de mi siguiente desierto.

2 comentarios:

  1. Me alegra que te guste Anna, si que fue alucinante todo ;)... en especial.. ya sabes :P

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