8.11.09

Tonta del Bote III. Timos en Asia II.

Antes de entrar en el infierno (que sagerá que soy), una gorda gordísima que se me olvidó de Camboya y recuerdo que me costó un buen cabreo. Palacio Real en Phnom Phen. A la entrada te advierten de que tienes que llevar manga larga. Le digo que tengo mi pañuelo (como siempre) y vale, me venden el ticket. Me dirijo a los tornos, me pongo mi pañuelo atado en los puños a modo de mangas. He de decir que el pañuelo es enorme y que me cubre tanto o más que una chaqueta. Además es verde, o sea, que no se trasparenta. El hombre del torno, que me vio poner el pañuelo me frena el paso y me dice que está prohibido entrar sin mangas.

Vamos a ver chato, tú ves algún milímetro de la piel de mis brazos? (bueno, no se decir todo eso en inglés, pero le dije algo parecido). Insiste en que está prohibido ponerse el pañuelo, mostrándome un cartel con los dibujitos pertinentes. En la taquilla me han dicho que podía. Pues nada, va a ser que no se puede, pero, como amablemente me explicó el hombre, no hay problema porque ahí al ladito, dentro del recinto, te venden unas preciosas camisetas blancas (la talla más grande es XL vietnamita) con la colorista estampa del fastuoso palacio. En ese momento creí estallar de ira, pero no, me la comí. Regresé al hostal, que por suerte estaba cerca, con todo el martirio que supone ponerse una manga larga con nosecuantos grados a la sombra y nosecuanto porcentaje de humedad, que suda una solo de pensarlo, me cambié la camiseta y ahora si, llegué que parecía salir de una ducha vestida, pero entré sin pasar por el aro de comprar la horrible camiseta.

Sur de Vietnam, Saigón exactamente. Junio '09. Vamos a ir descendiendo entre las tinieblas, según subimos el país de sur a norte, hacia el lado más oscuro del ser humano. Primer hostal en el que me alojo. Tras un duro regateo conseguí mi habitación, que partía de 10$, por 6$ la noche, alegando que me quedaría unas tres noches o más. El tercer día empezaron con el boicot; que si no funciona la lavandería, que si restringen el horario de agua caliente, que si hay cortes inesperados de la red, que dieron paso a los cortes de luz, siempre en el momento más propicio. Resulta que cuando no tienen mucha clientela vale cualquiera para ocupar una habitación, pero empieza a subir la temporada y yo estoy ocupando el sitio de otro guiri que seguramente no regatee tanto. YA NO LES INTERESAS y se ponen tan contentos cuando dices que te vas a otro sitio.

Primer intento de viajar al Delta del Mekong. En la estación de autobuses, debí caerles gorda o algo, porque ni me dejaron subir a un bus cuasi vacío, ni me vendieron un billete de bus para el día siguiente. Discriminación por extranjera.

Desistí y decidí contratar una excursión de un par de días, eso ya fue la risa claro. Te cobran lo mismo si duermes en un hotel que si duermes con una familia local, en el suelo de una cabaña de madera a orillas del Mekong, de donde viene todo el agua que se usa en la "casa" y a donde van a parar todos los desechos (todos). El Mekong es también la ducha vespertina, que no sabes si es mejor meterte al agua o quedarte como estás. Claro que la convivencia con una familia local (que está hasta el moño de recibir turistas) no tiene precio.

Ya metiditos en el barco, y con el estómago lleno te dicen que el paseo por los canales de la ciudad no está incluido. O sea, que lo más interesante, una de las cosas que me motivaron a coger la excursión, resulta que tiene un precio adicional de 8$. Y claro, ya estás en el barco y eso es de lo más jugoso que tiene el tour, así que quién dice que no? NADIE. Todos a aflojar el extra.

Si te quedas en el hotel, ellos venden camas (no se cómo no lo aprendí entonces), con lo que a los que viajamos solos, nos usan de relleno de habitaciones. En esta ocasión me salió bien la jugada porque me cogí la excursión más barata y dije desde un principio que en habitación compartida, creo que por eso no me di del todo cuenta más adelante.

El segundo día de la excursión se va a visitar uno de los mercados flotantes que se hacen por allí, otra de las cosas más interesantes, y sobre la que me habían advertido que después de las 9:00 ya no hay nada (gracias Quique). La noche anterior, nos dice el guía que el desayuno se sirve a las 7:30 y que salimos a las 8:00 para tomar un barco que en una media hora, o algo más, nos lleva al mercado. Ves lo que te digo de la información previa, es más que conveniente en estos casos. Le digo que de eso nada de nada, que yo quiero desayunar a las 5:00 para estar en el mercado a las 6:30 como muy tarde, que es cuando se cuece todo el jolgorio de compra-venta, alegando que se, a ciencia cierta que a las 8:00 ya no queda nada interesante. O le dejo otra opción, que me den el desayuno a la vuelta, que todavía es pronto, y nos vamos antes. Ya me veía buscándome la vida para ir al mercado temprano, a pesar de haber pagado mi excursión, pero se me unieron otros tres viajeros y nos hicimos fuertes. Llegamos a un consenso horario con el resto de viajeros y pudimos disfrutar tanto del desayuno como del mercado en pleno auge. Aunque había que ver la carita de poema del guía, que le tocó madrugar más de lo que le apetecía.

Como habíamos madrugado, y éramos un grupo no muy amigo de hacer compritas y pararnos horas en las diversas fábricas donde te llevan con el único propósito de que consumas, resulta que llegábamos demasiado pronto a Ho Chi Ming, y nos tuvieron parados en alguna ciudad del camino, sin el menor interés, y sin ninguna explicación, durante más de hora y media. Más tarde nos enteramos que si llegan mucho antes de la hora correspondiente, les cae un buen puro por parte de la agencia, a parte de arriesgarse a que les toque hacer algún otro tour. Y claro los pobrecitos llegan demasiado cansados como para seguir trabajando.

Pero desde luego lo tienen montado más que bien. Los buses de largo recorrido no tienen ni estación, los turísticos claro, en los locales ya he dicho que me vetaron el acceso. No les hace falta porque te dejan (y recogen) en la zona turística de la ciudad, repleta de alojamientos, restaurantes, cafeterías y bares, perfectamente preparados para el turismo y, por supuesto a precio de turista (desorbitado). Prueba a salirte de esas cuatro manzanas de la ciudad y sentirás en tu propia piel los efectos de la discriminación más pura y descarada, sobre todo en cuanto al alojamiento se refiere.

Y, como las llama un amigo, las historias de terror del famoso y cruel Open Bus, las dejamos para el siguiente reporte.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Anímate a compartir tus pensamientos