18.4.09

Robben Island

Por su reciente y trágica historia, es una de las visitas obligadas en Ciudad el Cabo. Por más que hayamos oído y/o leído sobre la "Isla de las Focas" y la historia del país, no dejará de sorprendernos, si somos capaces de "desconectar" del halo turístico que actualmente la rodea.

El ferry sale de Gateway, al lado de "La Torre del Reloj" (Clock Tower) del enorme puerto Victoria & Alfred Waterfront (es roja e inconfundible). La excursión cuesta 180ZAR (unos 15€). Se supone que tiene salidas diarias programadas a las 9:00, 11:00, 13:00 y 15:00, pero eso depende del día, el clima, y la temporada (aforo). Mejor ir a por las entradas con uno o dos días de antelación.

Unos 30 minutos de navegación (según la marea), separan los 12 km que dista la isla del puerto. Un recorrido en bus por la pequeña y redondeada ínsula, de tan solo 1km de diámetro, nos permite saborear parte de la naturaleza africana y parte de su historia.

Robben Island es tristemente famosa por haber servido de lugar de aislamiento para ciertos grupos de la población. Sus primeros habitantes fueron líderes nativos de las colonias holandesas (especialmente de Indonesia). Posteriormente fue utilizada como colonia de leprosos, de echo, en memoria, queda una pequeña iglesia con ese mismo nombre: "Iglesia de los Leprosos".

Pero en realidad, su reciente fama se la debe a que alberga la prisión que dio cobijo, no hace tanto, a prisioneros políticos del régimen del apartheid tan conocidos como Walter Sisulu, Govan Mbeki, Robert Sobukwe y el archiconocido, Nelson Mandela. La prisión de alta seguridad, convertida en museo, es ahora la encargada de alimentar a la isla y a parte de aquellos prisioneros.

Disfrutando de las focas del cabo, gacelas, conejos y pingüinos (extravagante mezcla animal), se ve (desde el bus), entre otros, la cantera donde los presos realizaban los trabajos forzados. Y hay una pequeña cueva que llama la atención, de la que cuentan que los presos burlaban allí la vigilancia de los guardias y, usando la arena como pizarra, donde escribían con el dedo, los que tenían más estudios enseñaban a los de menos. Incluso se dice que parte de la constitución actual del país pudo ser redactada allí.

También se ve un bunker de la guerra mundial, y llegando a la cárcel, viviendas y otras construcciones para el personal de la cárcel-museo. Parte de ese personal, fueron antiguos presos políticos y actualmente viven en las casas de sus carceleros, curioso no crees?

La visita a la cárcel es todavía más impresionante que la del museo del Apartheid en Jo'burg. Pareciera que las paredes hablasen, que las rejas entonasen el ruido acompañante de gritos de protesta. Pero hay silencio. Todos los presentes escuchamos, sin apenas respirar, la explicaciones del guía, expresidiario político. Yo ya tenía la piel de gallina al entrar, pero recorrer ese patio, esos pasillos de diminutas celdas, y escuchar a ese hombre (aunque fuese en inglés) me puso los pelos como escarpias. Y es que si nos dejamos llevar por la imaginación, y nos acercamos a empatizar mínimamente y de lejos, la injusta y cruel historia es espeluznante.



View Larger Map

3 comentarios:

  1. me habría encantado estar allí escuchando, seguro que se palpan aún las vibraciones del sufrimiento, ¿no?

    ResponderEliminar
  2. Nos cuentas las historias que parece que estamos contigo,
    Carmen

    ResponderEliminar
  3. Amor y Libertad. Te lo aseguro, se respiran esas vibraciones de sufrimiento. Pero también las de fuerza y coraje, paciencia, tesón....

    Es mucho lo que hay allí vivido.

    Un saludo.

    ResponderEliminar

Anímate a compartir tus pensamientos