8.4.09

Pequeña dosis de desierto.

La mayor parte de los grupos salen hacia las 4 de la mañana para ver el amanecer desde la loma de la Duna 45. Pero a las chicas de nuestro grupo no les gusta madrugar, y parece que al guia tampoco, así que salimos sobre las 7:00.

Por el camino, ya dentro del parque, pero antes de llegar a la zona de dunas, hacemos una parada para ver el amanecer, con algunas explicaciones sobre el terreno.

Continuamos y empiezan a aparecer, primero una a la izquierda, luego dos a la derecha. Entre el coche y las dunas hay un amplio valle árido, donde pasta todo tipo de animales, diversos cérvidos, algún chacal al acecho, avestruces...

Las dunas van ganando territorio. Son preciosas, a cual más. Las hay con forma de media luna, con forma de estrella, sencillos montículos. Todas miran al sol y van donde las lleva el viento. En ocasiones, entre ellas, se forman pequeñas lagunas, en época de lluvias, que alimentan viejos arbolillos y toda la vida animal que lo puebla. Este fenomeno da lugar a la formación de zonas resecas y llanas donde yacen esos troncons de moribundos árboles, como la zona de Death Valley.

Hemos pasado la 45 de largo. Está llena de gente. Llegamos cerca de la 57. El tote se deja en un área de aparcamiento y picnic y comienza la excursión por las dunas.

Arbustos y florecillas alimentan a los insectos que son capaces de sobrevivir en estas condiciones. Plantas que parecen secas, abren sus flores al sol con el rocío de la mañana. Los escarabajos se disputan el territorio con pequeñas lagartijas. Es muy divertido porque todos caminan de puntillas aunque la arena todavía no quema.

Primero nos llevan a una laguna seca de la que emergen viejos y agónicos troncos de árbol. Pequeño tentempie y toca subir a la duna más alta de este desierto.

Yo prefería subir sola a la duna, cuando todos estaban abajo. Se lo comento al guía (que se llama Bosh, cual taladradora. Sin comentarios). Y me dice que se sube después, bla, bla, bla. Me ha costado un poco pero le he convencido. No quiero el zumo y la fruta del tentempie, quiero subir sola a la duna que más tarde, en vez de una duna, va a parecer un centro comercial, el viernes por la tarde.

Un saltamontes me ha acompañado todo el camino, que por supuesto he hecho descalza. En unos 10 minutillos estás en lo alto de la loma. Al otro lado una lagunilla con agua y algunos árboles dispersos, da paso a todos esos montones de arena que se encuentran con el cielo allá en el horizonte.

El aire es limpio y asombrosamente húmedo, teniendo en cuenta donde estamos. El saltamontes ha parado a tomar el sol un poco más abajo. Si pisas en la cara de sotavento de la duna, se genera una pequeña avalancha de arena, que desenmascara a todos los bichejos que se cobijan bajo la primera capa. Es muy divertido.

Me siento. Respiro. No huele a nada. La arena está fresca todavía. Es tan fina, no sabría decir si la más fina que he tocado pero, es tan fina. La luz juega a pintar de colores las dunas, mezclando el rojo con el amarillo para crear toda la gama de anaranjados imaginable.

Sin duda, aunque solo sea por disfrutar de este breve momento, ha merecido la pena.

Pero la excursión continúa. Empiezan a llegar turistas. Vienen preguntando si hay agua al otro lado. Yo me bajo de aquí, no vaya a perder todo el misticimo de mi momento mágico.

Después te acercan a la zona de picnic de la Duna Sossusblei. Unos 15 minutos se tarda en subirla. Aunque esta si está copada de gente, es divertido, porque luego se baja por la cara de sotavento y es chulo luchar contra la física y la gravedad para no caerte.

Comimos allí mismo y emprendimos camino de regreso.

Por supuesto paramos en la 45, pero cuando ya solo quedaban un par de parejas. La subimos y también, el que se atreve, se puede bajar por la cara de sotavento.

El parque cierra a las 20:30 y está prohibido pernoctar en su interior, así que regresamos hacia Sossusvlei.

Por el camino la tristeza se apodera de mi. Ya no por el coraje de no ser ni parecido a lo que yo esperaba (mal por esperar algo), sino porque me parece una triste lástima que tengamos que vetarnos a nosotros mismos de libertades que me parecen tan naturales.

Y ni qué decir tiene, lo de pagar por entrar a "la naturaleza". Ya lo he sufrido en varias ocasiones. Pero eso de pagar por entrar en una playa, en una montaña o en un desierto... Para mi es como comprar un animal, ni lo entiendo ahora, ni creo que lo consiga entender nunca.




4 comentarios:

  1. Tus comentarios del pequeño desierto muy
    muy tiernos,y siempre tendremos algo que no entenderemos,todo tiene precio ,sigue disfrutando y no te pares en tristezas.
    Carmen.

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  2. Las tristezas no me paran Carmen, es una forma de hablar, para expresar lo poco que me agrada el tema.

    Besos.

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  3. Hola Yola, acabo de llegar de vacaciones de Semana Santa desconectado de internet en un pequeño pueblecito y me he leído todos tus posts de una tirada.
    Veo que siempre te sales con la tuya y pudiste saborear la ascensión a la duna descalza y en solitario, me ha gustado como lo describes.
    Te seguimos. Un abrazo

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  4. Chico no paráis!!! Haceís bien, a disfrutar que son dos días.

    Es que lo de caminar calzada por semejante duna, no se, como que me parece anti-natura. Al final muchos se descalzaron, y es que no es normal que no te dejen.

    Me alegra que te guste la descripción.

    Besos.

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