7.4.09

Llegada al Desierto del Namib.

Windhoek se presenta como "mi regreso a la civilización". Es una ciudad limpia, ordenada, bien señalizada, bla, bla, bla...

Para ir al desierto hay que contratar una excursión, si o si, no se puede ir por libre, a no ser que dispongas de tu propio coche, o tengas muchísima suerte haciendo autostop (que te cobrarían seguro). Solo puedes encontrar todoterrenos y/o camiones de excursiones contratadas, y algún despistado (muy pocos) que se acerca con su vehículo.

Lo normal es llegar a Sossusvlei, puerta (literal) de entrada al desierto. La propia localidad dispone de lo básico que necesita el visitante: restaurante, gasolinera y pequeña tienda. Y, tanto allí, como en los alrededores, podemos encontrar diversos Lodges y alguna zona de acampada (solo vi una).

El desierto, presuntamente más viejo del mundo (no me atrevo a afirmarlo), pertenece a la Reserva Natural del Namib Naukluft Park. Eso significa que está vallado, tiene puertas de acceso, horarios de visita, precios de entrada y estrictas normas de comportamiento. Y que es el destino turístico por excelencia de Namibia.

Yo me pregunto qué clase de barbaridad habrá cometido por aquí el ser humano para que tengamos que acotarnos tanto a nosotros mismos. O qué tan vello es el bendito dinero.

Los días previos iban incrementado mi ilusión y mis nervios. He tenido alguna experiencia en distintos desiertos y, sencillamente me enamoré desde el primer momento. No solo la arena, no solo los oasis, las montañas en algunos, en otros las formaciones rocosas o de sedimentos, los bichitos. Algunos incluso con petroglifos. Creo que fueron las estrellas la encargadas de embriagarme para siempre.

Llevo casi tres meses en África, y no he pisado desierto. Tengo mono!!!

Al ver el tote ya no me pintó bien el asunto; llevaba remolque. Pero la esperanza nunca se pierde y pensé que el remolque podría quedarse en alguna parte mientras nosotros surcábamos las fabulosas dunas anaranjadas.

Llegamos a Sossuvlei, compramos alguna cosilla en la tienda mientras el conductor saca los permisos y ¡¡¡Nos damos la vuelta!!! Nuestro campamento está unos kilómetros más atrás. ¡¡¡Pero si todavía no hemos llegado a las dunas!! Pensaba yo. Pufff, esto no pinta nada bien.

El campamento que yo esperaba espontáneo donde nos pillase, y por supuesto rodeada de arena, es un estupendo lodge, a pocos kilómetros de la entrada del parque. En una zona de árido valle rodeado de montañitas lejanas. Las "tiendas de campaña" son de construcción hasta la mitad (más o menos) de altura, y el resto de lona, con ventanas y mosquiteras. Tienen porche con cocina completa, cuarto de baño, camas grandes y muy cómodas... El lodge tiene bar, y piscina con una parte de jakushi.

Ya estás guardando la "salvaje" que llevas dentro, esto no es ni parecido a lo que esperabas, pero también mola, disfrutalo.

Tenemos unas horas hasta la cena. Algunos se deciden por la piscina, otros nos vamos detrás de la montañita para ver la puesta de sol y otros sencillamente se echan a dormir.

Durante la cena llega la segunda: me dice el guia que NO voy a poder caminar descalza mañana por las dunas!!!! Este hombre ¿ha perdido los papeles? Pero vamos a ver....... "Que no, que la arena quema y hay animales" Me dice. Yo creo que la arena quemará a partir de cierta hora, cuando el sol la haya calentado. Aún así, mi experiencia me dice que metiendo los pies bajo la primera capa de arena, no te quemas. Abajo está fresquita. Respecto a los animales, no creo que estén ahí esperando en la duna más visitada del mundo (según él) a ser pisoteados por el mogollón de turistas que vamos a pasar. Son animales, pero yo creo que no son tontos...

Al quedarse sin argumentos me atemoriza diciéndome que hay escorpiones y serpientes. Pero le pregunté por el tipo de serpientes y de escorpiones. No es que yo entienda, pero se que los hay muy chungos y los hay que no hacen nada y no son venenosos. Bueno pues hasta aquí llegamos, ya no supo decirme más que eran los más venenosos que había en el planeta. Bueno mira, lo dejamos en tablas y mañana, sobre el terreno, lo vemos.

El sigue empeñado diciéndome que si no tengo zapatillas de deporte, el me deja unos calcetines, pero descalza no.

Mira, porque ya estoy aquí, si yo se todo esto antes de venir me lo habría pensado muy mucho.

Pero soy ingenua y estúpida (por no preguntar y dar las cosas por sentadas). Todavía albergo la esperanza de dormir mañana en la arena. Y prefiero hacer como que no le he entendido lo de caminar descalza.

Para deleite de mis sentido, un chacal se ha acercado por la tienda, para darnos las buenas noches.



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