1.4.09

Delta del Okavango

Mucho es lo que he oído hablar de este lugar. Todo bueno, o mejor. Tenía ganas de llegar aquí. Nunca había navegado un delta, y menos aún uno que no desemboca en el mar.

Las posibilidades de navegación son dos:
- Barca de motor. Más rápida. Llega a la reserva de Moremi (zona interior del delta). Más gente. Más cara.
- Mokoro. Embarcación tradicional hecha de un tronco de "árbol rebañado" (como yo digo). Más lento. Se queda más cerda de la civilización, a las afueras del delta. Menos gente y más barato.

Reservo la excursión en mokoro, que es más auténtica y va más conmigo, para el día siguiente. Pero esa noche conocí a Giulliana (Italiana), Marieke (Marika), y Bart (Holandeses). Ellos van mañana en lancha. Dicen que hay más posibilidades de ver animales, porque la acampada se hace dentro de la Reserva. Me han convencido, me voy con ellos y al final a todo nos sale mejor de precio.

Aunque la salida está fijada a las 9:00, me levanto a las 7:00. Hay que preparar la comida para dos días y hacer la mochila pequeña y dejar la grande. Trasto arriba, trasto abajo, cambio esto, pongo lo otro. Baterías a tope, tarjetas de memoria, tortilla de patata, mmmmm, ¡¡qué rica!! Me ha costado un triunfo no desayunarmela.

Papeleo, cargamos la barquita y a navegar.

Al principio es como surcar un pequeño río, poco profundo y flanqueado por altas hierbas, pasto de bueyes y muchos otros animales. En la orilla algunas flores de nenúfar se abren para alimentarse de los rayos solares. Pequeñas algas fluviales empiezan a crecer en el lecho del río. Algunos niños juegan con el agua y sus pequeños mokoros, mientras sus madres lavan la ropa y la tienden sobre la hierba fresca para que seque al sol.

Nos cruzamos con varios mokoros de afanosos pescadores, y alguna otra lancha.

Multitud de aves variopintas emprenden el vuelo a nuestro paso. Pero otras, como la elegante Águila pescadora, posan altivas en las copas de los árboles.

Poco a poco los árboles se alejan, la orilla se puebla de juncos y el agua de algas floridas. Aunque el sol calienta, el aire es fresco. El cielo está claro. El reflejo de algunas nubes lucha por un conseguir un pequeño espacio en el agua, entre algas, juncos y nenúfares.

El camino fluvial se estrecha. El tamaño de los juncos crece y crece, hasta superar la altura de la sombrilla de la barca. Me siento como en una peli de cine.

De repente, un enorme hipopótamo asustado, cruza el camino corriendo con grandes aspavientos. Pero está nervioso, y ya no sabe hacia donde ir, así que sigue por el camino fácil, el que ya está surcado, nuestro camino. Se para, continúa. Para otra vez y se asoma un poquito. No sabe muy bien qué hacer. Le hemos seguido, de lejos (a unos 20 metros), pero sin motor, para no asustarle más. En un claro del camino se desvía a la izquierda. Bien!! Es el momento de poder verle perfectamente. Pero nuestro guía ya ha sido embestido más de una vez por un hipopótamo. Una de las veces volcó la barca (estaba solo) y le costó una intervención quirúrgica en el brazo. Suficiente excusa como para que también esté nervioso.

Todos pensábamos que pasaríamos despacito para tener oportunidad de verle y fotografiarle pero, en cuanto ha podido, porque el hipo se ha retirado, ha metido quinta y ha pasado por delante a toda pastilla. Cosa que ha asustado más al hipopótamo, que ha hecho el intento de embestida, pero ya habíamos pasado. Lo cierto es que es lo que se debe hacer, quitarse de en medio porque el animal estaba nervioso, asustado y enfadado. Además ese es su territorio que nosotros estamos invadiendo. Pero es cierto que a todos nos habría gustado esperar un poco para verle la cara.

Mas adelante, ya dentro de la Reserva Natural de Moremi, vemos un elefante cruzando al otro lado. A lo lejos podemos ver jirafas, impalas, y otros cérvidos. Algún grupo de cebras. Más elefantes, el RUGIDO de hipopótamos y aves, muchas aves.

Así llegamos a la zona de acampada.



2 comentarios:

  1. Siempre me llamaron la atención los hipopótamos, se ve que los tengo asociados con algún anuncio infantil de la tele, qué ingenua... :)Me encantó ver a éste en su hábitat de tu mano.
    Gracias Yola

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  2. Gracias a ti por pasarte por aquí.
    Me alegra mucho que hayas disfrutado viendo al hipo feroz en su habitat.
    Lo cierto es que, no se muy bien porqué, a mi también es un animal que me cae simpático. Aunque ya sabemos que me encantan los bichejos, jeje.
    Besos

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