24.3.09

Objetivo 4: Cataratas Victoria. Zambia.

Preparo mi mochila con toda la "artillería", cámaras de foto y vídeo, GPS, la traductora, el móvil por si acaso... el almuerzo, el chubasquero...

Nada, todavía queda media hora, ains!!

Por fin las 10:00. Llega el minibus, nos reúnen, pasan lista y nos vamos.

Dos cruces a la derecha, una curva a la izquierda y al fondo de una larga avenida bordeada de árboles, entre la verde vegetación y el azul celeste, una nube blanca que emerge de la tierra, nos anuncia la maravilla que nos espera al final del camino.

Parece que nos pica el culo. Nos movemos de un lado a otro del minibus, no queremos perder la nube de vista, como si fuese a marcharse. Algunos empiezan con las fotos, pero yo tengo temple, consiguo resistir la tentación.

A la entrada del parque el esperado mercadillo de artesanía, una tienda-bar, el centro de visitantes con toda la información pertinente y la taquilla (10$ para extranjeros y nada de carnet de estudiante)... Y el ruido. El intenso rugido del agua golpeando al agua. Tiene fuerza, mucha fuerza.

Cuatro caminos bien indicados, yo lo habría hecho de otro modo, siempre por la derecha, no me preguntéis por qué, creo que soy ordenada hasta cuando me pica el culo. Pero estamos todos tan nerviosos que seguimos a "Vicente" (el que va a donde va la gente) y plas!! de bruces con los enormes borbotones de agua.

Tremendas caidas. Si, el sonido las hace justicia. Cuánto derroche de energía, qué potencia.

Pero esto no es nada, solo una pequeña vista. Avanzamos, paramos, fotos, avanzamos.

Parece que no va a terminar nunca la pared de agua, cuando encontramos el punto de alquiler de chubasqueros. A partir de aquí ahy que prepararse. Guardar toda la electrónica, meter la mochila en un par de bolsas de plástico, remangarse el pantalón (o quitarse las perneras, si es desmontable. Cuanto más corto mejor) y ponerse el chubasquero. Vamos allá!!

Estamos en época de lluvias, y el río viene a tope de agua. Las cascadas son tremendas y la nube que se forma también. Casi todos los miradores y puntos fotográficos están dentro de la nube. Hay que cruzar un puente encharcado (hasta media pierna). La japonesa no tiene chubasquero y no ha querido alquilar uno (2$). Ha quedado igual que si se hubiese bañado en el río vestida.

Unos 600m de paseo bajo el agua. A escasos 50 metros de la vertiente del Zambezi. Huele a selva. El rugido de semejantes caidas colma la audición. El agua está fría, pero la sensación es indescriptible. Cada catarata es diferente de su vecina, con la que se mezcla en el aire. Parece que pudiéramos tocarlas, las estamos tocando, lo que nos llueve es su esencia. Resulta absolutamente increible la tremenda cortina de agua que se pierde en el horizonte zimbawuense.

Se puede regresar por el otro lado de la montaña, aunque solo algunos tramos. El puente hay que volver a cruzarlo y hay que volver a mojarse, mucho. Pero no importa, gusta, impresiona.

Llegados de nuevo a la entrada, seguimos por otro camino. El primero lleva a la parte baja del río, donde está cayendo el agua, bueno, un poquito más adelante, se llama "Boiling Pot" (traducción literal "caldera hirviendo"). Hay buenas vistas del puente transfronterizo y la nube de agua desde abajo. Aquí nos resguarda la montaña, la lluvia que nos llega es mínima.

El tercer camino va hacia al puente de Zimbabwe. Nos regala una lejana perspectiva de las cataratas, tras la montaña que las medio oculta. Además del grato encuentro con algunos Babuinos, mariposas y, la vegetación.

Por último, el primer camino, que habíamos dejado de lado, el que nos conduce a la parte alta del río, a la raíz del meollo. Aquí es donde podemos encontrar la "piscinilla", por llamarla de alguna manera. No es la auténtica del Diablo (Devil's Pool), esa pertenece a Zimbabwe y se accede a ella por la isla de Livingstone, contratando carísimas excursiones. Pero los Zambianos están muy orgullosos de su remansito de agua al borde del avismo, así que la podríamos llamar del "pequeño diablillo". Entre algunas rocas de la propia orilla montañosa, se forma un remanso de agua, no tan manso en esta época. En la época seca (septiembre a diciembre), es posible bañarse en ella, al borde del abismo.

Hace rato que perdí a mi compañera. Dos parejas de turistas han pasado de largo. Estoy sola. ¿Y si bajo esas dos rocas? Esas de allí parecen estar bien fijadas al suelo. Pero están tan cerca del agua. Y mira qué remolino. No importa, creo que es relativamente seguro, me voy a acercar. Todos los complementos fuera, libre de cargas, me acerco al agua.

¿Y si meto los pies? Pero es que mira qué corriente. Bueno con las sandalias, que se agarran bien, yo creo que se puede. Pero es que no hay nadie y si.... Culo a tierra y ale, la niña con los pies en el "Top of the Falls", mirando al avismo.

Está fría. Tiene mucha fuerza. La corriente bate mis pies, quiere llevárselos. El ruido da miedo, pero es muy excitante. Hace aire y la hojas de los árboles caen al agua. El último remolino antes de la estrepitosa caída al vacío me llena de energía.

Siempre lo digo pero es cierto: la naturaleza jamás dejará de sorprenderme.



2 comentarios:

  1. La naturaleza nunca deja de sorprender... y tu no dejas de sorprenderme... espiritu aventurero y tenaz :)

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  2. Gracias por tus palabras Masriya22.

    Lo único que hago es intentar trasmitiros las mismas sorpresas que a mi me da la vida. :)

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