18.3.09

Objetivo 3: Lago Victoria.

Aunque puse todo mi empeño, fue imposible llegar desde Serengeti, que me pillaba mucho más cerca y me habría ahorrado un par de días. Así que tuve que acceder a mi tercer objetivo por Mwanza, al sur del gran lago.

No se desde cuando, pero siempre me han llamado mucho la atención los lagos. Creo que era lo único, de geografía, que me aprendía a la primera en el cole. El año pasado conseguí conocer el altivo Titicaca. Son varios los que tengo en mi lista y muchos, los que me estoy dejando por el camino, quien sabe si algún día...

En esta ocasión toca uno realmente majestuoso, y para mi entrañable, quizá porque es capaz de llegar a nuestro Mediterraneo, a través del río más largo del mundo (porque lo digo yo y punto del asunto, allá discrepancias con el Amazonas). Río que alimenta a tantas personas y enfrenta a tantos pueblos, poderoso el Nilo.

Quizá por ser el mayor del continente africano, por ser una de las fuentes del Nilo o porque me suena el nombre de algún libro o alguna peli, por lo que sea, se convirtió en mi tercer objetivo, cuando estudiaba las posibilidades de mi periplo por África.

Me levanté temprano, para aprovechar bien el día en el lago. Pronto salí a pasear por la ciudad en busca de un puerto donde coger un ferry, o algo parecido, para dar una vuelta por el lago. Pero rápido observé que no sería tarea fácil. Mwanza, y mucho me temo que cualquier ciudad del lago, no es un centro turístico. No hay ferries que paseen a los curiosos de teleobjetivos colgados al cuello. No hay barqueros esperándonos.

Para empezar encontré un puerto al que arrivaba un gran barco, estilo Tom Swayer, cargado de plátanos y de los dueños de los plátanos. Parece el puerto comercial. Me informo y efectivamente lo es. Este regresa ahora a su lugar de origen, y mañana vuelve, si quieres puedes ir, pero te toca hacer noche en nosedónde.

Seguí paseando, porque mi Gepetto decía que el centro de Mwanza estaba un poco más adelante. Llegué al maloliente puerto pesquero, donde todos los dhows están fondeados. Los pescadores ofrecen montañas de pequeñísimos peces, pero de veras, enormes montañas de estos pececillos. Por supuesto rodeadas de moscas por todas partes. Una especie de merenderos organizados en el mismo puerto, donde los pescadores y su familia preparan el almuerzo, empiezan a humear. No hay barcos para surcar el lago.

Continúo caminando hacia el otro lado de la montaña de rocas. Encuentro el mercado, lo que aquí llaman "el mercado del town". Un sin fin de estrechos caminos, intentan abrirse paso entre puestecillos de paja, algunos de madera, un recuadro cementado, con mostradores de obra, para el pescado grande. Frutas, verduras, artículos de droguería y casi todo lo que uno pueda imaginar. Al precio que ellos pagan, no intentan engañarte. Todos te saludan y todos intentan que compres algo en su puesto. Ofrecen su mercancía, pero no son pesados en absoluto, te la ofrecen igual que a cualquier paisano.

No he llegado al otro lado de la montaña, pero ya estoy suficientemente lejos como para plantearme el regreso. Se que hay ferries grandes para que crucen autobuses, tengo que buscarlos, a ver si allí hay alguna posibilidad.

Efectivamente, al final de las muertas vías del tren, está el tercer puerto, el del gran ferry que transporta vehículos. Pero tardará más de una hora en llegar, más de dos en partir, y tampoco regresa hasta mañana. Última oportunidad desvanecida.

Un bar-restaurante, que hace su agosto con todos los pasajeros que esperan al ferry, separa este tercer embarcadero de una pequeña explanada de arena, donde un montón de hombres y mujeres, cargados con grandes cestos llenos de tomates, esperan para salir en algún dhow hacia alguna ciudad, donde venderán sus tomates. Bien, parece que tenemos una posibilidad.

Pregunto y resulta que están esperando dhows que vienen cargados de plátanos, que descargan aquí. Ellos se van allí a vender sus tomates y los dhows se pasan el día haciendo el mismo trayecto, tomate va-plátano viene.

Tengo muchas ganas de navegar este lago. Decido esperar a ver qué pasa.

Y pasa lo previsto. Al rato llega una barcucha raída cargada hasta la bandera de personas que, a su vez van cargadas hasta las cejas de plátanos. Y no han terminado prácticamente de bajar, cuando el verde-amarillo que tintaba la barcaza se transforma en un rojo pintón. Visto y no visto, ya están a unos 100m, en el lago. Casi no he tenido tiempo ni de procesarlo, cuando ya se habían ido.

Barajo mis posibilidades. Acecho, aproximación y lucha encarnecida para conseguir subir a una embarcación digna de naufrago, y cruzar una pequeña parte del lago, con mi cara estrujada entre teta y sobaco ajenos. O intentar acceder a esa montañita y conformarme contemplando la inmensidad del elemento desde tierra.

En esta ocasión declino mis primeras intenciones de navegación, por varios motivos. Esto no es ni parecido a lo que yo venía buscando (una navegación tranquila y contemplativa); la travesía no va por en medio del lago, solo cruza un pequeño tramo, casi costeando; el sitio que yo voy a ocupar, es el de alguien que necesita vender sus tomates para sobrevivir; esta vez me puede la comodidad occidental y tengo suerte, porque yo puedo elegir. Lo asumo, o pierdo otros dos días en ir a otra ciudad y volver, o tendré que conformarme con las vistas desde tierra.

Sigo paseando hacia las rocas. Hay un parque muy bonito y bien cuidado. Algunas canoas de cañas, con pescadores aficionados, vagan cerca de la costa. Es un parque cerrado. No se puede pasar y la montañita de rocas está dentro. Tendré que conformarme con las vistas desde el otro lado del parque? Dentro hay un jardinero. Creo que voy a pasar. ¿Llevo mi botellita para el agua? Si. Ok, voy a pasar.

Caminaba yo toda animada por el cesped, hacia la orilla, cuando unas voces me alertan. Puffff, un poli!! chungo, ya la he fastidiado. Se acercó para decirme que entrar en el parque, además de estar prohibido (sin carteles), es peligroso porque no hay nadie y los ladrones pueden robarme. Le comento que solo quiero hacer 4 fotos y llenar la botella de agua. Se lo ha pensado un momento pero, dice que tiene tiempo y que me custodia, que puedo estar tranquila porque su presencia allí ahuyentará a los cacos, y que me tome mi tiempo. Genial!! Gracias señor!!

He llegado a la orilla. He llenado mi botellita de agua. He hecho algunas fotos, no muchas. Y me he sentado un rato, en un intento de aislarme de todo lo que rodea mis espaldas, he conseguido evadirme y... Ahora navego en un pequeño y viejo velero, sola, quiero ir hacia el centro del lago, pero no veo la costa, no puedo saber dónde estará el centro. Podría decir que es como un mar, pero más me parece un océano. Es inmenso, no veo la costa, no la veo, solo agua, una enorme masa de agua dulce en calma. Y miro al cielo para descubrir unos tímidos rayos de sol que asoman entre las nubes. Y de nuevo doy gracias por lo afortunada que soy. Y exhalo una sonrisa de satisfacción: "Si señora, lo has conseguido, estás en el gran Lago Victoria"



2 comentarios:

  1. A ver si puedo comentar...
    En la cunita del Nilo, siiiii

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  2. Bienvenida Masriya!!

    Si señora, en la cunita de nuestro Nilo!!

    Has podido poner el mensaje, me alegra ;)

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