12.3.09

Nos vamos a Serengeti

Nos levantamos temprano, a las 7:00 es el desayuno. Recogida de tiendas y todo lo demás. Montar el paquetón en la parte delantera del techo del tote, y nos hemos quedado los últimos, pero da igual, Daniel va adelantando a todos, aunque luego nos encontraremos en el Visitor Center del Ngorongoro, para más permisos. Aquí la caravana de totes es inevitable en cualquier época del año.

Al punto panorámico del cráter hemos llegado los segundos, pero salimos los primeros. Lo cierto es que no somos un grupo muy tardón. Bajamos, nos flipamos un momento con las vistas, nos impregnamos de las sensaciones, hacemos las fotos pertinentes y arriba de nuevo. Gracias a eso hemos podido parar en otro lugar done las vistas del cráter son todavía mejores, si cabe.

En alguna parte del camino hay un diminuto museo arqueológico, con una pequeña zona de picnic, donde un hombre explica los estudios que se han hecho (2 de 3 españoles), los países que los hacen (2 de 3 España) y los hallazgos.

Hemos aprovechado para comer allí, la tartera de picnic que nos traen. No recuerdo haberme comido con tantas ganas un cuarto de pollo y un huevo cocido, cocinados anoche y sin nevera que estamos. Lo que hace el hambre.

Desde el museo, donde ya comenzaba a levantarse el aire, hasta el Visitor Center del Serengeti, habríamos disfrutado de los animales, de no ser por la tremenda tormenta de viento. Aparte de privarnos del goce visual, nos ha regalado un contundente postre de arena.

Pero Eolo se calma, y hasta el camping hemos tenido, para mí, el safari culminante. En un ratito he completado mis 5 grandes.

Empezamos con gacelas, ñus y otros cérvidos. Algunas aves vienen a saludarnos. De repente salimos del camino trazado. Creo que el conductor ha visto algo. Para cerca de una pequeña charca y nos muestra un ave, preciosa si, pero no creí que un pájaro grande y colorido nos fuese a desviar, más que nada porque no es el primero ni será el último que veamos.

Parece que regresamos al camino cuando vuelve a parar. No dice nada. Todos nos miramos, nos levantamos, miramos alrededor, y nada. "¿Qué pasa Daniel?". "León" dice todo pícaro, señalando con su dedo. ¡¡¡Madre mía!! Podría decirse que "si es un lobo nos come" pero no, era un león, un macho adulto a escasos 3 metros del tote y no nos comió.



Está ahí, tan señorial, tumbado sobre la hierba seca, ignorando lo que sucede delante de sus narices, que te dan unas ganas de bajar, darle un apretón de manos y decirle: "Encantada su majestad"... Nos tendremos que conformar con un "Hakuna Matata" desde el tote.

En un momento aquello se ha llenado de totes y es que, cuando uno encuentra algo, lo comunica por radio al resto. Están permanentemente comunicados, por lo que no parece un gran problema aquello de "encontrar un buen guía", a no ser que queramos un cursillo intensivo sobre la fauna y flora y todas y cada una de sus características. Yo soy más de sentir in-situ, lo demás se puede leer. De hecho creo que cualquiera con un poco de vista y olfato (léase intuición), podría ser un buen guía.

Ahora si, regresamos al camino. Poco después de la charca de hipos, pregunto a Daniel por los Leopardos. Me dice que pueden estar en cualquier parte, que son solitarios y que busque en las ramas de los árboles.

Entonces... ¡¡¡STOP, STOP, STOOOOOOPPP!!!

"¿Aquí? ¿Por qué? ¿Qué has visto?"

"Pues no he visto nada, pero imagino que el bicho a medio descuartizar y sangriento que cuelga de esa rama es la comida de un leopardo"

Y entonces vemos movimiento en las hierbas y de un salto, el lindo gatito sube a su guarida, se despereza, posa brevemente para las cámaras y se tumba. Siempre para descansar se tumban una o dos ramas por debajo de "su despensa", o sea, de la rama donde tienen la comida.



Inmediatamente Daniel avisó por radio y en poco tiempo nos juntamos allí unos seis o siete totes y un camión (que también los hay). Pero los demás ya sólo pudieron verle ahí tumbado, haciendo su "spanish siesta".

No puedo describir la intensa emoción que sentí. No solo por haber completado los cinco grandes. No solo por tener la posibilidad de ver, en su propio medio real, salvaje como la vida misma, la elegancia y sutilidad en los movimientos del felino. Sino que además yo dí con él!!! Yo que pensaba que sería una torpe buscando animales. Yo que iba pensando por el camino en la cantidad de vida que escondería la crecida hierba y que era imperceptible a nuestros sentidos. Hubo suerte. La gacela herida de muerte se cruzó en mi campo visual y la lógica acudió a mí sin llamarla.

Estuvimos allí un buen rato, pero está anocheciendo. Declinamos la opción de esperar a que el leopardo termine su digestión.

Algunos búfalos nos regalaron una mirada de camino al campamento.

Semiducha mientras nos montan las tiendas. Buena cena, en mejor compañía. Algo de conversación y a dormir que mañana tocan diana a las 6:00.



5 comentarios:

  1. Yolanda estoy siguiendo tus pasos casi todos los dias.. te lo estas pasando muy bien. sigue asi y sigue contandonso tus aventuras. Besos. Raquel

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  2. Anna, hay que vivirlo ;)

    Raquel guapa!! Muchas gracias por "acompañarme" y por tu comentario. ¿Cómo va todo por allí?. Un besazo.

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  3. que buenas las fotos de los felinos ,estupendas.
    Carmen

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  4. Si que lo son Carmen, a mi también me encantan, por eso quise compartirlas.

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