22.2.09

Segundo objetivo: Ibo; Islas Quirimbas.

Y ahora cómo bajamos de aquí? Pues como puedas. Un montón de niños se acercan al dhown para bajar la carga. Le doy mi mochila a uno, a otro el bolso (dentro del petate) como lo cargue yo le voy a dar un buen chapuzón y va a ser que no me interesa, no creo que eso le venga muy bien a toda la electrónica. Agua por la cintura otra vez, bueno ya qué importa...

En la orilla se me acerca el patrón:
"200"
"No, he visto que los demás te han pagado menos. Te doy 100 y es mucho, lo sabes"
"gggrrrrrrrrrrrñlsjcsppifcuyrrw hjsckhèoxchsoi!!!!"
El tipo ha jurado en arameo, pero no le doy un duro más, bastante me está timando, más del doble creo. La gente de alrededor primero sonríe, luego le miran con mala cara.

Pregunto a los niños por un alojamiento barato y me aseguran que me acompañan. Lo han hecho, me han llevado a casa de un hombre, Mussa, que aloja viajeros en una desvencijada habitación de su derruida casa. La pintura de las paredes se desconchó hace tiempo. No hay luz. Mucho menos agua corriente en el baño que está al otro lado, después del salón y lo que debió ser cocina en alguna época. Pero me encanta, estoy feliz de estar aquí.

Si, necesito un remojón de agua dulce con jabón y ropa seca. Y descanso, el viaje ha sido realmente agotador en todos los sentidos. Solo son las seis de la tarde pero necesito acostarme.

El silencio, por fin silencio!! Hasta ahora siempre me había tocado algún bar cercano, con su música a tope y el consiguiente ruido de los juerguistas, pero ahora escucho el silencio, que me acuna dulcemente para entregarme a brazos de Morfeo.

Lógicamente me he despertado a las 4, aunque he conseguido volver a dormir un rato. A las 6 ya puedo salir. Ya ha amanecido.

He revisado bien el mapa de la guía para no cargar con ella y ale, a pasear.

Hace mucho que pasó el momento de esplendor de la isla. Un par de grandes avenidas de arena entre decadentes mansiones cubiertas de musgo, muchas completamente abandonadas, alguna rehabilitada para edificios oficiales y un par de "resorts" (hay que entender el concepto de resort que tienen aquí). Todo eso en línea de puerto-playa. Hacia el interior, la mansiones pasan a ser casas bajas y, después del mercado, que es una pequeña tiendita en una de esas casas, ya casi todo son chozas, hacia el otro lado de la isla.

En el extremo noroeste está la Fortaleza Sao Joao. Tiene forma de estrella y, como dije, ahora la usan los orfebres para fabricar y vender sus joyas. Muy cerca, hacia el norte, Hay una estrella de cemento pintado en el suelo, a la que se acercan algunos musulmanes a rezar, sobre todo por la mañana temprano.

Desde la fortaleza tomo camino hacia el puerto de dhows por un bonito y arbolado paseo que llega hasta el minifaro. Un poco más adelante hay un bar-restaurante, cuyo único cartel da al mar, así que desde tierra ni te enteras que está allí, a no ser que alguien te lo diga. Tiene una mesa de billar y, a partir de las 22:00h. ponen el transformador para dar luz y música, pero solo viernes, sábado, festivos y la víspera.

A continuación un pequeño, pero arreglado parque, nos lleva directos al Fortín de San José. Detrás, la enmohecida iglesia, con su cartelito de "la estamos restaurando". Entre la iglesia y la novísima Escuela de Carpintería está la "entrada oficial" al puerto de dhows. A partir de la Escuela continua una venida flanqueada por diversos edificios, hasta una plazuela donde, literalmente, se termina la "civilización". Es posible ser asaltado por algún mono, cabra, vaca...

Por el camino algún vendedor de joyas intenta colocarte sus artículos, algún niño intenta hacer las veces de guía. Un par de jóvenes lo han intentado y, al decirles que no necesito guía, uno de ellos ha querido engañarme, indicándome lo que buscaba en dirección contraria. Pero, para su mala suerte, cuando he preguntado los dos han contestado al unísono, en direcciones opuestas, con lo que no podía confiar en ninguno de los dos y he preguntado a otro niño que me ha indicado bien.

Creo que me he pasado de largo el mercado unas tres veces, y claro, es que yo buscaba un mercado como los que vengo viendo hasta ahora, o sea, un recinto, más o menos cerrado, en cuyo interior se distribuyen los diversos puestos tipo mercadillo, pero no, aquí es, como digo, una pequeña tiendita, sin cartel o pista alguna que te haga sospechar que allí se vende algo, aunque luego venden de casi todo.

Desde allí, agua en mano, he ido a perderme por los caminillos de arena que se abren hueco entre las chozas de paja, algunas tiene paredes de barro. Y así, embelesada por los sonidos, el olor a cocotero, los bichejos que encuentro por el camino, los niños que salen corriendo a mirarte y a que les veas, los adultos que te saludan, todos te saludan. He llegado otra vez a la Fortaleza de Sao Joao. Solo queda regresar a casa, pero antes voy a pasar por el puerto a ver si hay suerte y algún pescador me lleva a...

Ya de regreso a casa, al pasar por el parque, una voz infantil. Miro, se acerca, me mira tímidamente, mira mi mano, extiende la suya, le ofrezco la mía, me agarra de la mano y continua caminando conmigo. Debe ser Mussa Junior, el pequeño de la familia, anoche me lo presentaron, pero el cansancio, lo mala fisonomista que soy, lo oscuro que estaba. No quiero caer en el tópico de que todos me parecen iguales, no son iguales, pero se parecen tanto que me cuesta muchísimo reconocerlos.

Detrás de Mussa Jr. vienen sus tres o cuatro amiguitos, que esperaban en los columpios para ver mi reacción. Unos más atrevidos y otros más tímidos, al final todos agarrados a mis dos manos hasta la casa. Cuando he llegado, los dueños no podían parar de reírse. A continuación empiezan a reírse todos los niños, pero a carcajada limpia, lo que provoca más risa en los mayores y al final, por simple contagio, yo termino riendo abiertamente, aunque todavía no se muy bien porqué, pasamos un buen rato.




1 comentario:

  1. Hola Yola, he estado leyendo tu blog. Me parece fascinante tu insaciable necesidad viajera, y te comprendo, a mi me picó el mismo virus hace ya algunos años (aunque en realidad creo que se trata de un gen con e que nacemos). Yo también he recorrido casi los mismos itinerarios que tú. El de Mozambique lo comencé en Maputo, venía desde Johanesburgo, Cape Town, Durban, Santa Teresa (creo que se llamaba esa playa del sur de sudáfrica frontera con el campo de los elefantes que se adentra en Mozambique) Lesoto, Swazilandia, Maputo. Desde Maputo, ya algo cansado vole a Pemba, se me hacía ya muy largo recorrer por tierra hasta mi destino: la isla do Ibo. Mis experiencias mozambicanas han sido increibles, me adentré en las tierras de los Maconde y los bosques de los Macua, estos úlrimos son unos artesanos de la madera espectaculares, y la gente más auténtica que encontré por el país. La llegada a Ibo fue toda una aventura, tal y como tú la describes, aunque yo me ahorré lo del chapas por carretera pues fui en la parte trasera de un pick up de unosespañoles que regntan una ONG en Ibo, lo que tb me dio la oportunidad de onocer bien la isla y a mucjos de sus habitantes. Te dejo mi mail por si quieres que intercambiemos impresiones, fotos o videos. Tras este periplo me fui a sudamérica, y recorri desde patagonia hasta Perú. Me muero si no puedo viajar. Enhorabuena por tus viajes!
    Álvaro: yiiiija@hotmail.com.

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