1.12.05

Pensando en Egipto

-----Una vez alguien, a quien ya considero muy cercana, nos hizo una bonita pregunta: “A vosotros cuando pensáis en Egipto, ¿qué imagen os viene primero? ¿qué veis en vuestro pensamiento?".

-----Mi respuesta estaba entonces tan clara como ahora.

-----Yébel Musa (Monte de Moisés), ese lugar donde sentí tocar el cielo.

-----Nocturna travesía, plasmada sobre lienzo negro, en el que cielo y tierra se funden. Centenares de lucecillas, movidas por una fe incondicional, dibujan el serpenteante camino hacia su cima. Dificultoso ascenso, velado por un manto de luceros, que observa al peregrino desde el firmamento.

-----Cuando cierro mis ojos pensando en Egipto, me veo allí arriba. Con mi cuerpo encogido y tiritando, al son de una gélida danza eólica, que atraviesa la fina manta que me cubre. Sintiendo cómo la intensa energía que flota en el ambiente, penetra por cada poro de mi piel. Observando cómo se apagan las estrellas en el cielo, al tiempo que Ra asciende tintándole de bellos colores. Escuchando el murmullo de afanosos oradores y desentonados cantos de alabanza, que rompen el silencio, consiguiendo estremecer incluso al más ferviente ateo.

-----Todavía hoy se me eriza el vello al recordar aquella sensación, que inundó mis ojos, hasta desbordar contundentes lágrimas que recorrían mis mejillas.

-----Quizá porque no lo esperaba, o por sentir la profunda fe de mi madre, o por palpar el gran amor que siente mi padre hacia ella. Quizá porque desconfiaba de nuestra capacidad para conseguirlo, o por comprobar cómo una anciana mujer, con sus capacidades físicas visiblemente mermadas, alcanzó su sueño. Quizá por ver cómo la fe mueve montañas, calando hondo en los corazones humanos. Quizá porque creo más de lo que pensaba.


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