12.10.05

Fuera de Ruta, día 7

Lunes 05/09/’05-----Bahariya.

-----Hemos quedado a las 9:00 para el desayuno. Unos tímidos rayos de luz entran por el pequeño ventanuco y acarician sutilmente mi cara. Breves instantes de “arranque”, en los que necesito procesar información tal como mi ubicación, idioma para hoy, programa de actividades y demás. Bostezo, me desperezo, son las 6:30. Me sonrío. Me encanta terminar de dormir con el alba. Hoy será un buen día pues “al que madruga...”

-----Duchita, arreglarme, preparar las mochilas. Hay que ver lo que he aprendido. Cada vez tardo menos con las mochilas y eso que hoy ha tocado sacudir un montón de arena. Espero que hagan la habitación hoy porque si no el próximo inquilino va a pensar que está en el mismísimo desierto.

-----Podría haber salido a desayunar pero me apetece estar sola, y todavía falta para las 9:00. Me quedo en la habitación leyendo en mi “Trota” todo lo que voy a ver hoy, para ir bien informada. Un pequeño ruidillo cercano distrae mi lectura, desprendiendo mi retina de la guía. Echo un vistazo alrededor para encontrar aquella caminante perdida en la inmensidad blanca de la pared. Del tamaño de mi pulgar, esbelta, color caoba, cortas patitas y largas antenas. Despistada por no encontrarse en su medio, vaga feliz ignorando lo que sucede a su alrededor. Lejos de darme asco me enternece, pero me aparto por si cae, que no me pille muy cerca. ¿Qué silencio no habrá aquí cuando puedo oír los pasitos de una pobre cucaracha sobre la pared? Esto es lo que verdaderamente me enriquece. Estaba tan a gusto que se e ha pasado la hora, bueno, solo 10 minutos, pero cuando he salido, mis chicos ya habían pedido el desayuno.

-----Otra cosa que me encanta, los desayunos. Abundantes, con varios servicios; salado, dulce, café, te. Tranquilos, muy tranquilos en este porche paradisíaco. Me chifla recrearme en el desayuno.

-----Siossi pasará la mañana preparando a Hervie y todo lo necesario para esta noche. Fathi y yo iremos de visita cultural por Bawiti. Nos lleva otro amigo en su “coche nuevo”. En España hace años que están descatalogados estos todo-terreno, pero claro, aquí es todo un lujo. Es otro Land Roover, pero mucho más moderno que Hervie. Blanco impoluto, con su carrocería intacta todavía, cierre centralizado, elevalunas eléctrico y radio con CD. Todo un lujo del que ya había perdido costumbre y, claro, primera metedura de pata. Al subirnos Fathi y yo, le propinamos ese brutal portazo, al que Hervie nos tiene acostumbrados. Tendríais que ver la cara del pobre, recién propietario, por el retrovisor (ahora voy detrás). ¡¡¡Sorry, sorry, sorry!!! Se sonríe con cierta dificultad, al tiempo que me explica que es un coche nuevo y necesita ser tratado con delicadeza.


El coche nuevo.

-----Directos a sacar el billete combinado que da paso a todo lo que hay que ver en Bawiti. Los venden cerca del “museo”. Solo hemos comprado el ticket de entrada, quiero decir, que venden otro “ticket” para sacar fotos y vídeo, pero según Fathi cuesta la friolera de 50 €, la verdad, no me lo termino de creer pero sé que saldrá bastante más caro que los pequeños sobornos-propina necesarios para estas cosas.

-----Primera parada: “Museo de las Momias Doradas”. En realidad es un viejo angar, arreglado de “aquella manera”, donde se exponen, las famosas Momias Doradas.

-----“Vitrinas expositoras de cuerpos. Cuerpos cubiertos por perfectos entrelazados de lino. Lino embebido de pan de oro. Oro tintado con exquisitas y delicadas pinturas. Pinturas que, en algunas, define perfectamente sus facciones. Facciones bellas y femeninas en mujeres y autoritarias en hombres. Hombres y mujeres que sufrirían la pérdida de aquellos niños. Niños peor conservados, pero no por ello menos atractivos. Atractivos de antiguas culturas. Culturas que nunca dejarán de cautivar al viajero.”


-----Pregunto si puedo hacer fotos y recibo el esperado “no rotundo” como respuesta. Pero, en cuanto el poli de turno se da la vuelta, Fathi habla con el vigilante y, tras el imprescindible “choque de manos”, me dice que haga todas las que quiera. Desactivo el flash de la cámara y, como un fotógrafo ante su modelo, me dedico, durante largo rato, a inmortalizar aquella maravilla. Lástima no haber traído la cámara de vídeo, habría tardado menos y el documento, sin duda alguna, valdría más la pena.

-----Al regresar al coche, ¡¡PLAS!! ¡¡PLAS!! Mirada asesina. ¡¡Sorry, sorry, sorry!! Madre mía, qué vergüenza estoy pasando.

-----Segunda parada: Qaret Qasr Salim. El coche nos deja al pie de una pequeña colina despoblada. Ahora si he recordado cerrar despacio, aunque Fathi... Tres paredes y media, en formación cuadrangular conforman una pequeña construcción de adobe que corona la cima. En su entrada un policía y un vigilante encargado de acompañar la visita. La pequeña construcción esconde en su interior un hueco enrejado. El guarda abre la chirriosa portezuela y nos invita a bajar. Una altura de 2 plantas, por escalerilla de hierro, con peldaños de madera de andamio viejo, nos separa de la tumba de Bannentiu, hombre de negocios y comerciante de gran alcance. Abajo, entrada cuadrada, de apenas un metro y medio de lado, por unos 50 cm. de profundidad, da paso a la sala principal, también cuadrada. Cuatro robustos pilares, de unos 2 metros de altura, simétricamente distribuidos, soportan las toneladas de tierra que la ocultaron durante siglos. Cuatro paredes que servirían de lienzo a aquellos artistas para inmortalizar la vida y costumbres de aquel pueblo egipcio. Repletas de ilustraciones policromas asombrosamente conservadas, aunque algunas se intuyes restauras. Ofrendas, festejos, dioses y ritos funerarios ocupan cada centímetro de pared. Orus y Thot protegiendo la entrada de la tumba. tres oquedades similares a la entrada, equidistantes de cualquier punto de referencia, darán paso a cada una de las tres salas funerarias. En estas se pierde la simetría. Parecieran estar escavadas en la roca y dejado el trabajo sin terminar. Son más pequeñas, de paredes irregulares, desnudas y con aquél sarcófago presidiendo cada una de ellas. Los sarcófagos tiene la tapa a medio poner, como hacemos con las cacerolas, para que no se salga el guiso al hervir.

-----El guarda, supongo que al ver mi cara de panoli, me coge por los hombros y me dirige hacia una de las paredes. Esta es de las conservadas, sin duda sin restaurar. Panoli se queda corto para la cara que debo tener ahora, con esas pinturas de perfecta definición y coloridos tintes naturales, delante de mis narices. Sin pensarlo dos veces, el tipo, pasando su “zarpa” sobre el divino arte del pincel, me dice que es como el propio color de la roca, que no parece pintura, porque no se va. ¡¡¡No puedo creerlo!!! La expresión de mi cara cambia radicalmente, creo que me han salido incluso los cuernos y el rabo rojos de diablo. Respiro hondo, intento tranquilizarme, no sin cierto esfuerzo y, suavemente, con mucha calma y delicadeza, intento explicarle. Él, avergonzado, reconoce su error, achacándolo al hecho de agradar al turista. “Mira encanto, al turista no se lo agrada así. Se le agrada sencillamente con el buen trato y acogida del que todos hacéis gala. Al turista, por desgracia, en general, hay que educarle y, si tú nos enseñas e invitas a tocas, muchos lo van a hacer y entonces mis hijos, o mis nietos, no podrán disfrutar de esta maravilla”. Parece que lo entiende y, de nuevo se disculpa.

-----Ahora me lleva al interior de una de las salas funerarias. Este sarcófago solo tiene media tapa. Después de embelesarme un buen rato, entre resbalones de cincel y muescas pétreas, el buen hombre me dice, completamente en serio, que si quiero meterme en el sarcófago y me hace unas fotos. ¡¡¡AHHHHHHH!!! ¡¡¡Pero este tío está loco, o no entiende ni papa!!! Otra vez respiro hondo, y otra. Y otra más. Creo que tengo hasta contracturas frontales de fruncir el ceño. Siento que me explota la venita de la sien. Intento retener el grito que gustosamente le habría propinado. Cuento despacio hasta 10, 20, 50, pero no puedo dejar de mirarle mientras insiste. “Señor, dime que solo es una pesadilla”.

-----Cuando consigo serenarme, nueva charla. “Vamos a ver, buen hombre, mi trayectoria laboral me ha mantenido durante años ligada al mundo funerario, no tengo ningún miedo, ni si quiera me da un poquito de yu-yu. Me tengo por una persona intrépida y aventurera y, me encantaría hacerlo, podrían ser unas fotos divertidísimas, yo, ahí adentro, con pose de momia, par jolgorio de familiares y amigos. Pero hombre, esto es producto de afanosos artistas, es historia, es un monumento, es patrimonio de la humanidad, ES INTOCABLE. Aunque no está dentro de una vitrina ¡¡¡NO SE DEBE NI TOCAR!!! Bien sabe Dios que me encantaría hacerlo pero ¡¡¡NO SE DEBE!!!

-----Creo que de esta le he asustado ¿o cabreado? porque estos las gastan así. Sin pronunciar palabra se da la vuelta y se va dejándonos allí a Fathi y a mí. Ambos obviamos el tema y continuamos deleitando nuestra retina con aquellos frescos. Toda aquella maravilla para nosotros solos. De nuevo desactivo el flash de mi cámara y me inflo a hacer fotos.

-----El guarda nos esperaba fuera fumando un cigarro. Fathi conversa con él brevemente y, tras refunfuñar un poco y otra vez el imprescindible “choque de manos”, nos invita de nuevo a acompañarle. Muy cerca, tras un pequeño repecho de la colina, hay otro enrejado en el suelo. Este sin protección alguna. Nos abre la chirriosa portezuela y similares escaleras conducen a otra tumba, Zed-Amunerankh, padre de Bannentiu y, como él, adinerado comerciante y hombre de negocios.

-----Aquí abajo la oscuridad se apodera de todo. No hay luces y el guarda agarra mi mano diciendo que me guiará, con su pequeña linterna. Soltando su mano le digo que no es necesario y acto seguido saco mi linterna de la mochila y me la coloco en la frente. Esto provoca las risas de ambos, pero “ande yo caliente...” La gomita extensible de mi linterna ha sido un pequeño descubrimiento de gran utilidad.

-----Lo primero que me encuentro al entrar es un cableado a medio montar y algunos focos por el suelo. Es evidente, pero Fathi me lo confirma, está cerrada al público porque todavía la están arreglando.

-----Tiene la misma distribución que la de su hijo y pinturas muy similares, aunque, aparentemente, en peor estado de conservación. Pasamos allí otro buen rato como auténticos arqueólogos ante su propio descubrimiento, deleitando nuestras retinas y el objetivo de mi cámara.

-----De vuelta al coche, ahora si recuerdo cerrar despacio pero Fathi vuelve a olvidarlo, parece que no se entera de anda y se lo vuelvo a explicar intercambiando cómplices sonrisas con nuestro conductor.

-----Tercera parada Ain el-Muftellah. Llegamos a lo alto de un cerro y... ¡¡¡Fathi, slowly, please, slowly!!! jajaja, nunca se acuerda. Pasamos y, otro guarda nos acompaña por una alfombra de tablones de madera que conduce hasta la tumba.

-----En una hondonada está la gran nave rectangular, rodeada por otras excavaciones en las que todavía se está trabajando. Como entrada, un gran portón de madera en uno de los laterales cortos del rectángulo. El interior es semi-diáfano, es decir, desde la puerta veo una gran nave con varios tabiques divisorios en ambos laterales, a modo de “biombos”. Creo recordar que conté cuatro habitáculos a cada lado. Los lechos funerarios, a modo de banco corrido, yacen al pie de las paredes laterales. Todas están desnudas, y muchas muy restauradas para devolverles su forma original. Este hecho no termina de convencerme, me gustn más las cosas tal y como se encuentren, da mayor rienda suelta a la imaginación.

-----Al fondo de la nave, una entrada amplia da paso a otra nave contigua, bastante más pequeña. En sus paredes, bajorrelieve, representaciones relativas al dios Bes, “dios de la Fertilidad” y, al fondo de ésta, una especie de altar presidiendo lo que ahora me parece una pequeña capilla.

-----Algunas fotos, previo “choque de manos”, y, al salir, el guarda me pregunta si quiero ver otra tumba que está en plena excavación y, por supuesto cerrada al público. No lo dudo un instante, estoy dispuesta a ver todo o que me quieran enseñar y un poco más.

-----Esta no es muy especial. Una pequeña nave, similar a la de la “capilla” anterior y también con representaciones bajorrelieve, referentes al dios Bes, en las zonas de pared que ya están limpias pues, no todo está descubierto. Hay algunas herramientas por el suelo. Algunas áreas, tanto de pared como de suelo, están tapadas por la tierra. Hay zonas delimitadas por recuadros de hilo sujeto con pequeñas estaquillas de madera.

-----No se la propina que Fathi le habrá dado a este buen hombre, (aunque después me enteraré que le dio 5 L.E. como a todos) pero se desvive por explicarme el afanoso trabajo de la excavación. La utilidad de cada herramienta, la función de cada componente del grupo de arqueólogos. Vamos que al final me he visto allí, linterna en la frente, espatulilla y brocha en las manos, intentando, bajo sus instrucciones, hacer mi “pequeño descubrimiento”. Con el miedo que tenía de dañar algo, apenas rozaba la pared con la espátula, para después acariciarla con los pelillos de la brocha. El buen hombre dice que se hace con un poquito más de fuerza y Fathi se ríe de la situación como un descosido. Al final no he descubierto nada, lógicamente, pero además de pasar un buen rato, he puesto... o mejor dicho quitado... mi granitos de arena.

-----Desde las tumbas, saliéndonos del camino delimitado, siempre por una zona inalcanzable para los ojos de los polis que vigilan la entrada, nos conduce hacia el punto más alto de la colina. Desde aquí se divisa todo el oasis, donde parece haberse parado el tiempo. Un gran espacio verde, copado de palmeras y rodeado por el interminable desierto.

-----Tras tomar unas buenas panorámicas regresamos al coche y... ¡¡¡Fathi, slowly please, slowly, it’s new!!!

-----Cuarta parada, lo poco que queda del templo de Alejandro Magno. Algunos arqueólogos mantienen que Alex llegó a Bahariya tras haber consultado el oráculo de Amón en Siwa. Es solo una suposición pero, si hay algo de cierto en ello, estoy haciendo el mismo recorrido que él hiciera en su día. El paso del tiempo ha hecho estragos en este templo y ahora no se ve ni el cartucho que rezaba su nombre. Sólo queda lo que yo siempre entendí como unas ruinas.

-----A la salida del templo, sobre una roca que algún día formó parte de una pared, se exponen multitud de objetos, fósiles y trozos de lo que serían vasijas y otros. Allí, a mano del que lo quiera ver, tocar, coger e incluso comprar por unas pocas libras. Yo no entiendo nada, se me van a Salir los ojos de sus órbitas. ¿Es que tienen millones de estas pequeñas piezas históricas? ¿Es que en realidad no son históricas, sino un cebo para las libras turísticas? ¿Es que aquí nadie le da a esto el valor que tiene?

-----El guarda de turno pone en mis manos una especie de almirez de piedra. No he tenido más remedio que cogerlo o lo dejaría caer al suelo. Inmediatamente lo dejo en su sitio, pero ya no tengo ganas de dar más explicaciones. El guarda parece molesto por mi “desinterés” y Fathi me mira cómplice, comprende lo que pienso y me hace un gesto para que no le de mayor importancia.

-----Volvemos al coche y, dando por finalizada mi clase de historia, arte y arqueología, por hoy, les digo que quiero ir a un manantial. Exactamente me gustará conocer Bir el-Ghaba (“Pozos del Bosque”), que lo pintan muy apetecible en mi Trota. Pero el amigo de Fathi me dice que está “terminado” porque no queda agua. Bahariya se encuentra por encima del nivel del mar, con lo que el agua que trascurre por acuíferos subterráneos, no emana espontáneamente a la superficie. Los baños naturales provienen de pozos, de los que se extrae el agua de riego con ayuda de una bomba que drenará a una pequeña y rústica piscinilla, casi siempre con forma de “llave de la vida”. Si se agota el agua del pozo, se acaba el manantial.

-----Cruzando el pueblo, vemos a Hervie aparcado cerca de un taller y Fathi pide un momento para hablar con Siossi. El conductor y yo nos quedamos charlando dentro del coche para amenizar la espera. Siossi y Fathi hablan detrás del coche. En un momento siento “la llamada” y mis ojos se van al retrovisor de la derecha. Allí se reflejan esas esmeraldas, esperándome para darme los buenos días. Ambos mantenemos dos conversaciones simultáneas; una oral, con nuestros respectivos interlocutores, y otra visual, privada, a través del espejo.

-----Casi todos los pozos en Bawiti son privados, lo que complica un poco su uso para el turista. Con la estupenda intención de hacer realidad mi deseo, el chofer nos lleva a la plantación de uno de sus tíos que tiene su correspondiente pozo. Este se encuentra en medio de un extenso bosque de palmeras. El agua sulfurosa brota, a unos 35º C., a una pequeña piscina de piedra y hormigón (o algo parecido), desde la cual es canalizada para el riego. Fathi me invita al baño pero no lo considero apropiado. Un par de hombres, con empapada indumentaria, se pasean por la zona soleada para secarse. Un grupo de chavales mata su tiempo de júbilo cerca de aquí. Varios jóvenes laboriosos, desde lo alto de las palmeras, abandonan la poda para mirar. Ya soy objetivo de suficientes ojos, como para bañarme, aunque lo hiciera vestida, la “fiesta de camisetas mojadas” llamaría la atención más de lo estrictamente apetecible, con lo que rehúso la posibilidad del baño y propongo un paseo en solitario. A Fathi no le hace mucha gracia, pero no tiene más remedio que acceder.


-----“Agradable deambular por este frondoso bosque. Envuelta por lo sonidos del correr del agua por sus canales, de las hachas golpeando las palmeras, de esas grandes ramas encontrándose con el suelo. Casi puedo escuchar su llanto al ser heridas y desprendidas de su madre. Embriagada por el dulce gusto de los dátiles maduros que me regala la naturaleza. Abrazada por las luces de Ra, que consiguen colarse entre las ramas de palma. Acariciada por la sutil brisa que se abre paso entre los esbeltos troncos. Inesperada inyección de energía que recarga cada uno de mis depósitos”

-----Existiendo estas maravillas, ¿quién necesita complejos vitamínicos?

-----Al regresar al punto de encuentro reparo en uno de los afanosos jóvenes. Está encaramado en lo más alto del tronco de una palmera, por una cincha que rodea a ambos. Esta le servirá de punto de apoyo, tanto para trepar, como para mantenerse en el nivel oportuno. El chaval propina acertados hachazos en la base de las ramas inferiores, que irán cayendo al suelo. Abajo, uno cuantos jovenzuelos se encargarán de colocar o transportar las ramas. Y algunos otros recogerán la cosecha de dátiles.


-----Sin dudarlo les pido permiso y, despojándome de las cámaras, me pongo a ayudar. Las ramas son larguísimas y pesan más de lo que parece. Los dátiles son más grandes que los de Siwa, pero igual de sabrosos. Solo me ha faltado subirme a la palmera, pero bueno, alguna novedad habrá que guardar para futuros viajes. Estaba tan concentrada en mi labor y en las explicaciones que me daba uno de los chavalines, que no había reparado en sus caras. Cuando termino lo que estaba haciendo y levanto mi cabeza, me encuentro con unos dieciocho ojos asombrados, clavados en mi actividad. Inmediatas sonrisas ocupan esas sorpresivas caras, que darán paso a comentarios árabes. Estos alimentarán el orgullo de Fathi que adoptará esa postura erguida con gesto de “¡Esa es mi chica! La verdad, no se si sentirme alagada o preocupada.

-----El amigo de Fathi nos ha dejado en el hotel y, tras despedirnos, de él y su coche nuevo, entramos al apacible porche del patio. Degustamos ese delicioso te-hierbabuena, mientras esperamos a Siossi. Aprovecho el ratito para escribir un poco. Algo de conversación hasta que aparece el portador de las “gemas parlantes”. Nos dice que se ha encontrado con Hameda, el íntimo de Fathi que vimos anoche, si ese, el de la “fumada”, y que está empeñadísimo en invitarnos a comer. Retrasaremos un poco nuestro viaje al desierto, pero sin duda merece la pena. Este hotelillo desde luego es para autóctonos y auténticos trotamundos. En el comedor, absolutamente árabe, nos tomamos un té, mientras nos preparan las viandas. Yo continúo con mi diario, Fathi ve las noticias, Siossi y el amigo del coche nuevo ayudan en las labores culinarias y Hameda aparece con una alfombra monoplaza, de esas de seda que me encantan, nueva, impecable y perfectamente enrollada. La coloca en la posición exacta y ¡¡ále!! ¡¡Culo en pompa, mirando a la Meca!! He disimulado un montón y creo que nadie ha reparado en ello, pero me ha llamado muchísimo la atención, es al primero que veo rezar a su hora y como Alá manda.

-----Hoy toca carne de ternera frita, con ni sé cuantas mil especias, arroz y una especie de guiso caliente con pepinillos. Todo está exquisito, aunque el guiso de pepinillos pica mucho para mi gusto, pero sabe bien, todo sabe bien hasta el tercer o cuarto pedazo de carne, con el que el sutil picantito comienza a perforar mis papilas gustativas. Percibo calor en mis mejillas... Mi ojos comienzan a inundarse, hasta desbordar esa tímida lagrimilla. ¡¡¡Agua, por favor!!! Debo estar como un pimiento morrón, porque tienen cara de preocupados, instantes antes de romper a carcajadas al unísono (Siossi incluido). Agua, pan, arroz... más agua, más pan, más arroz, ay!!! ahora sí que echo de menos la miga de nuestro pan. Con lo rica que está la carne y lo que puede llegar a hacer el acumulo de picante, eso o me he comido la guindilla sin enterarme. Creo que todavía me pica la lengua al recordarlo.

-----Una breve sobremesa con su correspondiente té-hierbabuena, madre mía!! me encanta el té pero me va a salir por las orejas. Hameda me ha enseñado un montón de fotos de su novia alemana. Sinceramente, no pegan ni con loctite, pero se le ve enamorado. Nos despedimos de él y de nuestro conductor matutino y partimos los “tres mosqueter@s” hacia los desiertos que unen Bawiti con Farafra.

-----Emprendemos camino cerca de las 14:30. Hoy conduce Siossi. Le veo excesivamente preocupado por las ruedas y la carretera, que dicho sea de paso, es bastante buena. No conduce relajado, va demasiado despacio, lo que provoca miradas y algún comentario entre Fathi y yo. Jo, esto le hace perder mucho encanto y encima ahora no podemos mirarnos. Este ritmo me desespera, me armo de paciencia y, otra vez, a “mis mundos de Yola”, donde me quedo en ese fantástico estado de vigilia en el que te enteras de todo pero parece que no, jeje, de nuevo feliz como un fresón.

-----Nunca sé de qué hablan entre ellos. Tengo que creerme lo que Fathi me cuenta porque encima Siossi no dice “esta boca es mía” y no puedo contemplar más que una versión. Pero la actitud de Siossi hacia mi ha cambiado. Vuelve a esconderse tras su ventana desde donde observa tímidamente, querencioso pero cohibido, o ¿debería decir inhibido?, vaya, con lo que me gustaba a mi el flirteo ocular… En cambio Fathi se muestra cada vez más seguro, ¿está haciendo o diciendo algo que se me escapa? ¿por qué aquí, en Bahariya, la gente me trata diferente de cómo me trataban en Siwa?, sencillamente son distintos o pasa algo que promueve el cambio de actitud hacia mi persona. ¿A cuento de qué, Hameda me ha enseñado las fotos de su novia?, ni siquiera había salido el tema de conversación.

-----Prefiero no darle muchas vueltas. A mi, directamente, me tratan como a una reina todos. Se preocupan por cada detalle de mi viaje, gustos y preferencias para hacerme la vida más fácil. Me consultan toito todo y toito todo se hace a mi antojo. No puedo tener queja al respecto. Teniendo en cuenta que estoy de paso, lo que hablen entre ellos, para ellos queda, como diría mi abuela: “para ellos hacen”.

-----¡¡¡Vaya, otro pinchazo!!! Qué raro, si la calzada es estupenda. Buaggggg, ya he filmado y fotografiado todo esto, tengo dos opciones: mirar y aburrirme o participar. Pues está claro, ¡¡manos a la obra!!. En lo que los chicos bajan la rueda nueva, cojo la piedra necesaria para aupar a Hervi, la envuelvo en la manta y la coloco delante de la pinchada. Je, je, no se si alucinan porqué ya está puesta, porque es apropiada o porque la he puesto yo. ¿Qué esperáis? ¡¡vamos, que hay trabajo!!... como se descuiden me pongo aquí a dar órdenes como un sargento. Sacan las herramientas y mientras preparan el gato y demás Siossi coloca la llave y, en un descuido, me subo sobre ella de un salto certero, obligándola a girar incluso más de lo que yo pensaba, claro que casi me estampo contra el suelo. (Es la primera vez que me sale a la primera, ya he cambiado unas cuantas), seguro que estaba flojilla pues es la misma que cambiaron ayer. Tras aflojar las cuatro, Siossi adelanta a Hervie para subir la trasera izquierda sobre la piedra y Fathi prepara el gato. Lo coloca y sube el coche. Ahora me he quedado relegada a “instrumentista”, reuno tuercas, paso la rueda viaja a Fathi, la nueva a Siossi…… ummmm.… momento mirada feroz… jejeje, casi se me olvida. Lo cierto es que no he hecho mucho caso, estamos trabajando. Ellos suben la pinchada a la baca, yo devuelvo la piedra a la naturaleza y la manta al maletero, la necesitaremos para abrigarnos esta noche.

-----Proseguimos viaje. Estoy orgullosa de dejar claro que las mujeres también podemos cambiar la rueda de un coche. Me alegra haber devuelto la sonrisa a sus caras. Entre ellos continúa un rollo extraño que no alcanzo a entender pero el ambiente se distiende notablemente.

-----El paisaje va cambiando. Las dunas se distancian y elevan, adquiriendo una forma piramidal nevada de negro. Cimas, laderas y valle cubiertos de basalto, procedente de ancestrales erupciones volcánicas. Estamos en el “Desierto negro”.

-----Paramos al pie de una duna-colina de las más altas. Siossi se queda en el coche… ¡¡¡menudo listo!!!... y Fathi me indica el camino hacia la cima y se dispone a subir conmigo. Se vislumbra un sinuoso caminito de clara arena entre fondo negro. ¿¡¿¡¿Qué dices!?!?!? ¿Hay que subir? Si desde aquí es precioso, si todavía estoy haciendo la digestión, si debemos estar cerca de 50ºC y hace un sol de justicia. Quiero verlo, pero me gustaría encontrarme allí arriba, así como por arte de magia y Fathi lo debe saber. Me dice que me deje de tonterías, que no hay esfuerzo sin premio. Bueeeeeeeeno, vaaaaaaale, si sé que tienes razón, pero estoy de un perezoso a las tres y media de la tarde.


A mitad de camino.

-----Cámaras, agüita fresca en la bolsa termo y para arriba. Según Fathi unos 50m que me han parecido 200 (yo creo que había más de 50m, estoy convencida). El terreno es resbaladizo por el fech-fech, una arena como harina, y lo pronunciada verticalidad de la pendiente. Ahora hago consciente el considerable aumento de consumo de tabaco, además uno al que no estoy acostumbrada. Y, como cada vez que subo, solo pienso en la dificultad de la bajada. Pero las vistas desde la cima son un auténtico regalo para mis sentidos.


Desierto Negro.

-----Cuando consigo recuperar el aliento... jeje, está mal pero tras el imprescindible traguito de agua, lo primero que hago es encenderme un cigarro. No hemos traído la botellita-cenicero, tendré que guardar las colillas ¡¡¡qué asco!!! pero no quiero guarrear la naturaleza, así que no tengo otro remedio.

-----Terminando mi piti comienzo a percibirlo. Un suave aire vate mi pelo y seca el sudor de mi cara. Los rayos del sol inciden en mi piel, casi siento como se resquebraja por momentos. Desde mis pies hasta el horizonte, mire donde mire, se ve un desierto cubierto de negro. Como si lloviese basalto del cielo. No alcanzo a explicarme de donde salen estas piedras volcánicas. Son durísimas, y al chocarlas suena metálico. Me parece increíble cómo el viento las lima de esta forma. Se despierta mi curiosidad geológica, pero este color aumenta la sensación de calor, atenúa el brillo luminoso, proporciona una extraña sensación funesta, tristona, oscura. Percibo ausencia de motivación, de vida, quietud.

-----En cambio, cuando me aíslo del paisaje, observando el pedazo de basalto que tengo en la mano, cambian las cosas. Es marrón muy oscuro, mate, sin forma definida, textura rugosa. Me trasmite fortaleza, frialdad, misticismo. Me la llevo, me voy a hacer un colgante precioso, seguramente con algún motivo egipcio.

-----Fotos, vídeo y ¡¡a bajar!!. No me ha costado ningún esfuerzo pero hay que tener mucha precaución y mirar bien donde se pone cada pie, paso a paso. Llegados a Hervi, despertamos entre risas a Siossi de su plácida siesta y proseguimos. Aprovecharé para saciar la sed de mi piel con un poco de crema.

-----El paisaje comienza a cambiar. El negro se atenúa, dejando paso a la arena, en ocasiones rojiza, que se abre camino entre las zonas basálticas del valle, aunque las cimas de las colinas continúan siendo muy oscuras.

-----Nueva parada: Crystal Mountain. Sin explicación aparente, al pie de la carretera dirección Bahariya (contraria), se alza una pequeña montañita, en tono blanquecino, pero de base rojiza, con multitud de pequeñas porciones destellantes. De nuevo la naturaleza me sorprende. ¿Alguien podrá explicarme cómo se produce la metamorfosis mineral por fusión... o lo que sea que dé lugar a este espectáculo? Creo que tendré que indagar un poco en la geología, porque esta montaña de cuarzo despierta mucho mi curiosidad.


Crystal Mountain.

-----Un lateral de la formación rocosa se une a otra pequeña formación cercana, por medio de un arco cristalino. A modo de “puerta hacia otro mundo” pasar a través de él me hace sentir una especie de potente magnetismo. El cuarzo siempre me ha trasmitido una extraña energía, me siento como protejida, creo que puedo perder cuidado. De ahí que lo utilice en casa y consulta para “cubrirme las espaldas”.

-----Tras hacernos unas fotos, me doy una vuelta por el lugar para deleitar mis sentidos con esta “mágica” formación natural que, de alguna manera, surge de entre la fina arena con la que se mezcla. Puedo percibir la fuerza que desprende. Me la llevaría a casa tal cual, casi puedo verla allí, ocupando un sitio preferente en el jardín, de forma que sus iridiscencias, colándose por mi ventana, me despertasen por las mañanas... ahhhh, menos mal que soñar es gratis.

-----Ahora surge el dilema, ¿esto crece de forma natural? ¿se sigue produciendo mineral? o por el contrario ¿está condenado a desaparecer? Estas cuestiones taladran mi cerebro en cuanto pienso que me quiero llevar un poco de cuarzo. Es lo de siempre: querer, quiero; poder, puedo; pero ¿debo?. Me resulta dificilísimo. El deseo de llevarme un pedazo de este halo energético es tan grande que... Fathi, al verme coger un pequeño cristalito del suelo, se decide a sacar un buen trozo de mineral golpeando la zona accesible de la montaña. Inmediatamente le paro, mantengo con el una corta conversación en la que le agradezco el gesto pero le explico que es innecesario, por el suelo hay más que suficientes piezas que la propia naturaleza ya se ha encargado de desprender. Decido que me lo llevo, aún temiendo las consecuencias del hecho a largo plazo. Por esta vez voy a aparcar mi responsabilidad de viajera. El deseo es demasiado grande y puede conmigo.

-----Otro dilema. Ya tomada la decisión, ¿cuántas piedras me llevo?, y no pienso en el peso que añadirán a mi mochila, sino más bien en la casa, la consulta, una especial y personal, pero.... ¿y mi madre?, también le encanta... ¿y mi tía la bruja? (no es un mote peyorativo, es bruja). También a ellas les tengo que llevar, será el mejor de los regalos y, además, mi tía podrá decirme la cantidad y calidad de energía que poseen.

-----En definitiva, una bolsita, de las de congelar comida, llena de cuarzo con destino Madrid. Algún día buscaré información al respecto para saber hasta que punto pude perjudicar la naturaleza pero, sinceramente, hoy por hoy, y aunque esté mal, me alegro mucho de tenerlo conmigo. Por cierto, los regalitos, todo un éxito.

-----Reemprendemos nuestro viaje dirección Farafra. ¡¡¡Madre mía!!! pero que despacísimo conduce este chico. Como he recuperado mi humor me pongo cantar, a ver si se anima un poco y acelera, jejeje, aunque solo sea por no escucharme mucho tiempo... “Ahora queeeee vamooooos despaacio, ahora queee vamoooos despaacio...” Jajaja, se han quedado a cuadros y, acto seguido, rompen a carcajadas. “...vamos a contar mentiras, tralará...”

-----¡¡No, no!!, dice Fathi, ¡¡en español no te entendemos!!

-----"Ah vale, pues os la canto en inglés". Haciendo gala del desparpajo que según mi familia, me caracteriza, y del inglés “fuentesaino” continuo: “Now that weeee gooooo slowly, now that weeee goooo slowly, just we go to tell... ¡¡¡alá, cómo era mentiras!!!... ehhhhh... not true, tralará, just we go to tell not true, tralará, juuuuust we gooooo to teeeeeell not truuuuuuuuuuuue...” Jeje, se la he cantado enterita, solo que por el mar tenía que correr un conejo porque liebre ni idea de cómo se dice. Algo han debido entender porque Fathi confirma la lentitud que llevamos y no paran de reirse. Pues nada, que como os veo animadillos os canto otra: “Para ser conductor de primeeeeeera....... ¡¡sorry, sorry!!... ehhhh, one moment... ah, ya... for he be driver of the frist classssss, he don’t accelerate, he don’t accelerate... Siossi se rie, pero Fathi está destornillado en el asiento trasero. Mientras recupera el aliento, Siossi me pregunta si quiero conducir yo. Jeje, se ha dado por aludido. “¿Puedo?”

-----Tras la confirmación de Fathi, que ahora parece adoptar un rol patriarca, paramos en la cuneta y rotamos las posiciones. Yo paso al conductor, Siossi, con mirada de fraternal desafío, atrás y Fathi de copiloto. Uff, ¡¡si me voy a salir por el parabrisas!! Con la imprescindible ayuda de mis chicos, reubico el asiento, los retrovisores... jeje... casi me quedo con el exterior en la mano, y el interior... ummm... con impresionante panorámica de mi atractivo pasajero. La fuerza de la costumbre me lleva a echar mano del cinturón de seguridad, ingenua de mi, si no existe. Comienzo mi conducción, todavía más lenta que Siossi, tengo que cogerle el pulso a Hervie. El recorrido de los pedales es interminable, me parece que voy a acabar con los pies en el asfalto estilo “Picapiedra”. La dirección creo que me la van a tener que asistir, desde luego, con lo durísima que está, imposible salirse de esta recta infinita. Y el cambio, estilo camión “España de los 50”... jeje... para salir he puesto la marcha atrás... empezamos bien.

-----El rato de inicio al “manejo prehistórico” ha resultado de lo más jocoso, pero he conseguido ponerme en marcha.

-----Hasta la tercera la cosa sencillamente va, ni bien, ni mal, solo va. Es el periodo de adaptación. Pero, una vez captado el tono de Hervie, no hay distracción alguna, ni un coche para adelantar, ni un animalito para esquivar, nada de nada, como no le dé un poco de vidilla, esto va a resultar de lo más monótono. Entonces embrague y cambio me llaman a gritos, el acelerador suplica un achuchón, Hervie me pide marcha. ¡¡¡Oído cocina!!! Meto la cuarta, y última marcha, piso el acelerador y ¡¡¡cáspitas!!! ¡¡¡Menudo es este coche!!! Capaz de alcanzar los 120 km/h, claro en llano y con cierto esfuerzo, pero qué alegría, se ha ganado el nombre a pulso, así podría continuar hasta Aswuan con toda tranquilidad.

-----Me acomodo en el asiento apoyando el codo en la ventanilla. Parece que lo echo de menos más de lo que pensaba. Bebo agua, me enciendo un cigarrito y, sin saber cuando empecé, me encuentro tarareando alguna canción, de esas que yo llamo “para conducir”, mientras pienso, observando el paisaje, cómo me gustaría aprender a conducir por el desierto, como los que hacen rally. Seguro que es agotador, pero me gustaría muchísimo hacer como Fathi en el “Mar de Arena”.

-----De repente Fathi agarra el volante diciendo que estoy loca. “¡¡¡Qué susto, chico!!! ¿Qué te pasa?”. –“¿¡¿¡Estás loca?!?!, ¡¿¡¿no sujetas el volante?!?!, Fumas con la izquierda en la ventanilla, la derecha en el cambio...¡¡¡Y EL VOLANTE!!!”... jajaja...... jajajajajaja...... –“Fathi, lo llevo con la rodilla izquierda, ¿no lo ves?... jajaja... Mira, no hay una sola curva, es más, la carretera es una recta que parece eterna. El asfalto es muy bueno. La velocidad no pasa de 110 km/h. Y la dirección está más dura que una piedra. Chico, si esto parece un cochecito de feria. ¡¡’¡NO PASA NADA!!!. Tranquilo que no vuelvo ha hacerlo”. Jo, me ha cortado todo el rollo.

-----La monotonía amenaza con volver. Me falta la quinta velocidad y algún que otro giro en la vía. Jo, es un poco rollo conducir por una carretera del desierto.

-----El paisaje se va transformando paulatinamente. Aquellas oscuras capuchas de las colinas van desapareciendo. Las dunas se reagrupan perdiendo altura y recuperando su color ocre. La llanura gana terreno y al fondo comienzan a divisarse algunas formaciones rocosas sensiblemente más claras.

-----Cuando estoy a punto de recibir al aburrimiento algo me llama, lo escucho, pero ¿donde?. En el retrovisor, allí está su reflejo, allí están esos dos iris querenciosos de comunicación, Entrecortada si, por la circulación, pero intensa conversación. Me trasmite su seguridad conmigo al volante. Se lo agradezco. Me dice que pasaremos la noche en el desierto, lo se. –“Aquí será más bonito que en Siwa”. -“Estoy segura”. Cada vez que miro allí está, esperándome para decirme algo, para regalarme una sonrisa.

-----Al llegar a la altura de aquellas formaciones rocosas me dicen que vaya despacio para tomar la próxima pista que sale a la izquierda. Hay un desnivel de medio metro. Me da un poco de miedo pero, bajo las acertadas instrucciones de Fathi, lo hemos pasado sin problema.

-----Lo que tenemos delante es “The Old White Desert” (el viejo Desierto Blanco) ¡¡¡Vaya, esto se pone interesante!!! Ahora no puedo observar el paisaje, ni el pasajero, lo único que veo es una especie de camino marcado en la arena por las rodaduras de otros vehículos. Tengo que ir despacio porque el coche patina como en la nieve, pero no tan lento como para “encallar” en la arena. Si, se dice pronto, pero esto no es tan fácil como parecía, mañana agujetas en los brazos, seguro.

-----De pronto un champiñón gigante intercede mi trayectoria. Fathi me dice que pare y coja mis cosas. Nosotros nos quedaremos paseando por aquí mientras Siossi va a Farafra para cambiar la rueda pinchada. Al bajarnos por el mismo lado, nos encontramos de frente. -“¿Tardarás mucho?”, le pregunto. –“Disfruta del ocaso”, confirmándome con su mirada que llegará después.

-----Deben ser cerca de las cinco pues, el sol se dispone a descender y las sombras comienzan a largarse. Nos quedamos parados un momento mientras vemos como Hervie desaparece por la carretera.

-----Breve descanso que aprovechamos para una pequeña merienda frutal. Comenzamos a caminar, adentrándonos en esta fabulosa llanura, sorteada de grandes rocas blancas. El suelo es firme, por la base calcárea que lo sustenta. Está cubierto por una capa de la más fina y clara arena que he tocado nunca, parece azúcar moreno. La caliza emerge del suelo en forma de moles rocosas, de un blanco inmaculado, curiosamente modeladas por el viento. Algunas de ellas, las que caracterizan este desierto, aparecen como hongos o setas gigantes. Nos fotografiamos en todas las que vamos encontrando. Tengo la sensación que “Papá Pitufo” aparecerá en cualquier momento. Si, faltan la vegetación y los colores, pero las casas de los pitufos están todas, jeje, me siento como “Pitufina”.


-----La piedra que las conforma es resistente en su conjunto, pero bastante blanda, se puede rayar con una uña. Me recuerda al yeso blanco por sus características.

-----Un minibus viene hacia nosotros. El conductor charla brevemente con Fathi, mientras sus dos ocupantes turistas se bajan para hacer algunas fotos. Corta visita que termina cuando ellos continúan su ruta.

-----Nuestro paseo termina en lo alto de la mayor roca calcárea accesible que hemos encontrado. Subir esto si es peligroso pues el polvillo que se desprende de la roca es exactamente igual que el azúcar glasé, lo cual pule la caliza aún más y, en conjunto, resbala una barbaridad. Pero lo hemos conseguido, despacio y con precaución. Desde aquí se divisan infinidad de cabezas de champiñón blanquecino, sobre llanura arenisca. Al oeste, sobre las montañas, mi adorado balón de fuego se dispone a tomar tierra. El paisaje va perdiendo brillo. Las elongadas sombras se desdibujan. La franja montañosa occidental engulle rauda y veloz al maravilloso círculo dorado, aunque su resplandor nos acompañará algunos minutos, antes de dar paso a la oscuridad de la noche.

-----Podemos divisar las luces de algunos todo terreno que, de vez en cuando, aparecen desde la carretera, para adentrarse poco después entre las rocas. Vemos cómo acampan los del minibús. Me muestro triste pues, me he malacostumbrado a disfrutar de todo a solas y me preocupa, ingenua de mi, encontrar “over booking” para pasar aquí la noche. Pero Fathi me tranquiliza diciéndome que seguro voy a encontrarme igual de sola. El desierto es inmenso y, en total, seremos unos cuatro o cinco campamentos. No podremos ni enterarnos de dónde están los demás.

-----Esto es una especie de despedida de Fathi, pues mañana por la mañana, al llegar a Bahariya, terminarán sus servicios como guía. Pero me dice que ha estado hablando con algunos amigos del Cairo y que, si no me importa, viajará conmigo a la capital, pues quiere visitarlos allí por unos días. Bueno, mira, aunque me apetecía hacerlo sola, será más fácil para mí.

-----Hemos estado hablando del itinerario que tengo previsto y me dice que, casualmente Hameda, su íntimo de Bahariya, también viajará a Dahab la semana próxima y que él se lo está pensando, depende de sus amigos. Entonces aprovecha para ofrecerse como guía por la península del Sinaí. De momento esto rompe un poco mis esquemas, pero enseguida me doy cuenta y le digo que no, por ahora, yo también dependo un poco de mis amigos en la capi, ni si quiera sé los días que pasaré allí ni cuándo viajaré al Sinaí. Además estoy un poco saturada de las atenciones de Fathi, necesito recuperar mi libertad. El tema se queda un poco en el aire. La verdad, no lo tengo del todo claro pues, viajar con ellos facilitaría mucho las cosas, o eso creía yo, pero si le llevo como guía me saldrá mucho más caro. En fin, ya lo pensaré.

-----Pero bueno ¿y Siossi?, son casi las siete de la tarde, ¿se tarda tanto en ir y volver de Farafra?. Ahora es Fathi el que se muestra preocupado. Bromeo diciéndole: -“Te imaginas que no viene?”, a lo que el contesta que no le extrañaría. –“¡¡¡No fastidies!!! ¿Le crees capaz de dejarnos aquí tirados?”. –“Espero que no, pero muestra un comportamiento tan extraño últimamente que...”. .”¿¡¿¡ Qué me estás contando?!?!, que no hombre, lo que pasa es que conduce muy despacio, pero mira, no sé porqué (jeje), me da a mi que viene seguro”.

-----Comienza a levantarse un poco de aire, con lo que decidimos bajar al refugio de “las setas”. Nos dirigimos hacia el camino por donde entran los vehículos para salir al encuentro del nuestro cuando llegue.

-----Divisamos dos luces móviles por lo que suponemos será la carretera y... –“Es Hervie”, -“No, no es”, dice Fathi. –“Anda que conoces bien tu coche, te digo que es él, ese que viene es Siossi”. -“¿Estás segura? No se yo”. –“Yo si lo se, lo siento, es él”. –“Que no”. –“Que si”. “Que no”... que caiga un chaparrón... jeje. Tenía razón mi “marcapasos natural”, se equivoca pocas veces. Por fin llegan. Al subir, conversación ocular. Le confirmo que el ocaso fue precioso, aunque preferiría haberlo visto con él. Me trasmite que no era posible pero que veremos el amanecer juntos. Su forma de comunicármelo me estremece. Por un lado deseo que llegue ese momento, pero por otro, no quiero que pase nunca esta noche.

-----Fathi empieza a hablar con él. Creo que le está regañando por tardar tanto pero, ¡¡¡NO ENTIENDO ÁRABE!!!, en algunos momentos me da muchísimo coraje no comprender lo que dicen. Siossi pasa de discutir, parece ignorarle, aunque en ocasiones asiente con la cabeza. Su cara refleja malestar. Fathi no para, el tono no parece malo, pero no para y creo que la actitud de Siossi le crispa. Intento tranquilizarle pero me dice que no tiene que ver con el retraso, ni con su forma de conducir y me mantiene al margen.

-----Por fin Siossi se ha cansado, para bruscamente el coche, se baja y continúa caminando hasta perderse en la oscuridad. Entonces Fathi toma el mando, haciéndome un gesto como de extrañado. ¿Se pensará que soy imbécil?, si vienes todo el camino tocándole las narices, tiene que explotar de alguna manera. Menuda situación, me están haciendo sentir de lo más violenta. Se dirige hacia él y le sigue un ratillo diciéndole que suba, o eso creo. Pero Siossi no hace caso, continúa caminando, aparentemente sin rumbo fijo. Como no responde, Fathi decide ignorarle y cambia de dirección. Avanzando despacio para observar el terreno, coloca, con un giro brusco, a Hervie, donde se supone que será un buen sitio para acampar.

-----Lo cierto es que el lugar parece idóneo. Cercanos a un “champiñón" gigante, situado detrás de Hervie pero, lo suficientemente alejado como para convertirse en un buen “closed”. El área arenosa es bastante amplia para montar el campamento base. Estamos bien refugiados y no se ve a nadie por aquí.

-----Al momento aparece Siossi, cruzan cuatro palabras y, entre los dos, comienzan a montar el tenderete. La apariencia es de tranquilidad absoluta, incluso ambos, de forma independiente, me guiñan un ojo. Pues ahora si que no entiendo nada. Vislumbro entre ellos mejor “rollito” que en ningún momento de los últimos dos días y, justo después de la impresionante bronca que acaban de tener. Definitivamente no lo comprendo, vaya una cultura rara, broncazo y al momento tan amigos, no puedo salir de mi asombro. Bueno, así mucho mejor porque, me estaba sintiendo muy incómoda y ahora parece que me puedo relajar, así disfrutaré mejor de todo lo que me rodea.

-----Mientras realizan las labores “masculinas”, aprovecho para estrenar el “aseo”. La poca luz de los faros de Hervie, que además enfocan en dirección contraria, me sirve de guía para conseguir llegar detrás de la roca donde... ¡¡¡no veo un pimiento!!! A tientas, con los pies descalzos (desde hace rato), busco el límite entre roca y arena pues, como gatita aplicada, necesito mi arenita. Me dedico a construir una pequeña parcela, delimitándola con un montículo circular de arena, pensando que así podré volver descalza tranquilamente. Procedo a satisfacer las súplicas de mi organismo dentro de “mi parcelita” y regreso para ayudar a los chicos con las tareas del campamento.

-----Recolecto los troncos que se desparramaron por el suelo al tirarlos desde la baca. Hago un hoyo a una distancia prudencial, coloco los maderos y, tras preguntar por el procedimiento que usan para el encendido, y recibir la correspondiente explicación, los rocío de keroseno y prendo el fuego. Sinceramente, siempre preferiré el método tradicional. Si, se tarda un poco más y requiere algo de práctica, pero esto huele fatal, solo espero que, cuando se agote el keroseno y se empiece a quemar la madera, se pase este olor.

-----Ya montado el tenderete, lo acicalo con colchonetas, cojines y mantas que me van pasando. Aprovecho para sacar y preparar mi saco. Ahora toca el turno de la cena. Siossi prepara “la cocina”, Fathi el asado y para mí, lo más fácil, la ensalada. Mientras cocinan dispongo de un buen rato para dedicarme a disfrutar de la fantástica sensación que produce la arena bajo mis pies. Escribo mi nombre, hago dibujos... Esto da pie al momento reportero, fotos y vídeo de todo para inmortalizar esta estupenda aventura.

-----Me acomodo en el sitio que me pido para dormir, siempre al extremo libre del “salón”, y me dispongo a escribir un poco cuando aparece un hombre. Deben ser cerca de las nueve. Charla un rato con Fathi, se despiden y se marcha. –“¿Qué le pasa al vecino? ¿le faltaba sal?... jeje. Me dice que tenía algún problema con el coche y que han quedado por la mañana para ayudarle. Yo continúo con mi escritura, que se verá, ocasionalmente interrumpida, por esa “llamada” risueña desde la cocina.

-----Sobre la segunda o tercera hoja me siento extrañamente observada. Levanto mi cabeza y los dos me están mirando fijamente, con una sonrisa de oreja a oreja. Mi cara de duda hace que se miren entre ellos. ¿Qué pasa? pienso. Acto seguido miran algo a mi derecha, lo que provoca que yo mire también y... ¡¡¡COÑO!!!... ¿¡¿¡ Qué es eso?!?!... Dos lucecillas como los ojos de un gato en medio de la oscuridad nocturna. Dispuestas en una pequeña cabeza de morrillo alargado y grandes orejas erguidas. Cuerpo de perrillo pequeñajo con lomo gris y, al final un largo y pomposo rabo blanquecino.

-----Se ha espasmado hasta el último músculo de mi cuerpo. Ha sido un instante pero ¡¡¡madre mía que susto!!!. Al ver mi cara, supongo que de pánico, ellos se vuelven a mirar y comienzan a reírse. Siossi continua, riéndose, con las labores culinarias y Fathi, partiéndose, sigue poniendo la mesa, mientras me explica que es un zorrillo del desierto. Se acercan por el olor de la comida. Puedo estar tranquila pues tienen mucho miedo.

-----Los zorros aquí no disponen de una amplia gama alimenticia. Lo único que pueden encontrar son pequeños roedores. Estos, a su vez, sólo tienen a los orondos y nutritivos escarabajos. Y aquí pierdo la cadena alimentaria porque, ¿qué comen los escarabajos en el desierto?. En un oasis lo entiendo pero, ¿aquí en medio de la nada?. El caso es que esta escasez intentan subsanarla, todos ellos, con los restos de comida de los turistas.

-----Con suaves y lentos movimientos, para no espantarle, saco la cámara de fotos que, al encenderla, el ruidillo que hace el objetivo cuando sale, es suficiente para que el pobre zorro huya despavorido. Me apena quedarme sin esta foto, pero me dicen que no me preocupe, volverá a por la comida. Jo, eso espero. A riesgo de quedarme sin batería, me dejo las dos cámaras preparadas por si vuelve a aparecer.

-----Fathi me da a probar el arroz alegando que es la mujer quién sabe bien cuándo está en su punto. Para mi gusto le falta un poco, todavía está duro. En lo que se termina, presentamos el resto de la comida. Servidos en artesanas bandejas de papel albal, con el que fueron envueltos para ponerlos al fuego, lucen humeantes el pollo y un asado de tomates y patatas rebanados. El resto de la bajilla la componen un plato de porcelana y un par de restos de albal (que harán las veces de platillos). La cubertería es una navajilla, con la que corté la ensalada y una cuchara, todo para compartir. Eso si, aunque llevamos días chupando todos de las mismas botellas de agua, disponemos de dos vasos de plástico para la cristalería.

-----Fathi se ha empeñado en preparar un vinito. Pone dos dedos de vino blanco con un chorrito de limón. Supongo que el limón será para disimular el peliagudo sabor de esto que ellos llaman vino. Siossi no quiere ni probarlo (jeje... sumando puntos). Yo lo cato, aunque no me va el alcohol en general, pero... ¡¡¡PUAGGGGGGG, ES ASQUEROSO!!!... No soy muy ducha en esto pero, de veras, parece orujo del malo, infumable, no he podido ni tragármelo. El mío lo utilizo de cenicero, pues Fathi con el suyo tiene bastante.

-----En medio de la cena, otra vez visita. El pobre zorrillo se nos acerca para ver si pilla algo. Ahora sí que le ha captado la cámara, pero el flash vuelve a asustarle. Aunque parece que poco a poco va perdiendo el miedo. Cada vez que regresa se va acercando un poquito más. Al final le imagino durmiendo conmigo en el saco, jaja.

-----Todo está delicioso. El arroz ha quedado en su punto. Las hortalizas, con esa salsa que preparan con un montón de especias, me ha parecido riquísima y “con fundamento”. Qué decir del pollo asado, si es mi plato preferido. Y la ensaladita de tomate y pepino sin aliñar, como estupendo refresco. Si es casi como mi comida de los domingos preparada en la chimenea. Solo que en casa me falta el pan de pita, con que tomo buena nota para recrear estos momentos en casa, aunque sé que no será lo mismo, me traerá buenos recuerdos.

-----En la amena sobremesa le pregunto a Siossi por qué no habla, ya que se limita a escuchar y asentir con la cabeza, algunos gestos faciales y sus ojitos. Su respuesta, mirándome fijamente: “¿Necesitas que hable con la boca?”. Jo, vaya corte, me ha dejado de una pieza. Fathi se sonríe.

-----Empezamos a escuchar, a lo lejos, una especie de “tan-tan” que, acompañado de algunas voces en el intento de entonar algún canto, irrumpen en el silencio reinante. “¡¡¡Bien, vamos de fiesta!!!” Me levanto en busca de alguna luz. La diviso, aunque parece más cercana de lo que mi oído intuía. Me emociono, no se porqué pero ahora me apetecería ir allí a cantar y, si se tercia, bailar con ellos, tengo mono de juerga y se lo digo a mis chicos. Fathi, tras pensarlo escasos 5 segundos, me dice que mejor no, que no sabe cómo se lo tomarán los vecinos. –“Pues vamos y preguntamos...¡¡¡Spanish party, spanish party, pleaseeeee!!!”. Se ríe, se que le apetecería, pero insiste en que es mejor que no vayamos. Miro a Siossi buscando que apoye la moción pero, sin mediar palabra, me hace entender que los cantos durarán poco y que será mucho más interesante quedarse aquí. Vaya par de sosos, yo creo que siempre hay tiempo para todo pero nada, esta noche me he quedado sin fiesta.

-----Mientras junto todas las sobras de la comida, y las preparo justo en frente, con dos velas y un poco de agua para el zorrillo, ellos recogen todo lo de la cena. Les pido que apaguen el foco (que se alimenta de la batería del coche) para disfrutar de esta embriagadora sensación. Continúo escribiendo un rato a la luz de una candela, aunque tengo que parar de vez en cuando para fotografiar y grabar al zorro cuando viene a comer. El pobre, al principio cogía el pedazo de pollo y salía corriendo con él en la boca, pero ha terminado quedándose a comer y beber plácidamente. Ver al animalito me encanta, me he quedado “enganchada” un rato. Hasta el punto de no enterarme que Fathi se ha ido, momento que aprovecha Siossi para invitarme a dar un paseo más tarde.


-----Se acabaron los cantos, ya no hay luces. Regresa Fathi, que toma posición para acostarse y se enciende un cigarro. Hago lo mismo. Ahora el que no está es Siossi. Fathi me dice que le molesta la espalda pidiéndome un masaje. Espero que me sirva de herramienta somnífera, para que nos deje en paz un rato.. Otra vez negociación para el intercambio de “prestación de servicios” y ale, masajito al nene. Si yo te contara a quién me encantaría darle el masaje...

-----Serían cerca de las doce cuando he terminado, y Siossi sigue sin aparecer. Le pregunto a fathi y me dice que se acostó al otro lado, detrás de Hervie. ¡¡¡Alá, pues ahora si que me ha descolocado!!!. –“¿Por qué duerme detrás?”. –“No sé, creo que te está esperando. Piensa que irás a buscarle”, dice Fathi con cara de “tú decides”. Anda, mira este, parecía que no se enteraba de nada.

-----Soy de la antigua escuela y, desde luego, no seré yo la que vaya a buscar a nadie. Continúo con mi diario. Morfeo se apodera de Fathi que se durmió. Decido ir al servicio antes de acostarme, aunque no tengo nada de sueño. Escojo el camino largo para no pasar cerca de Siossi, por no despertarle si está dormido, pero puedo verle y así confirmar que está allí acostado. Parece que tendré que dar el paseo sola.

-----Al terminar decido volver a coger tabaco, agua y un chal para darme una vuelta. Cuando doblo la esquina de la roca, ¡¡sorpresa!!, allí esta él, esperándome a pie quieto.

-----Nos encontramos frente a frente. Su erguida postura muestra seguridad absoluta. Está sereno, se siente con el control y creo que lo tiene. Nos miramos fijamente, incapaces de parpadear. El resplandor de una vela hondea sobre su cara. Estoy insegura, me descuadra, ¿de qué va? me pregunto. Pero me está trasmitiendo su serenidad, me tranquiliza. Seguimos clavándonos los ojos. Ahora siento mi corazón, se está acelerando y de mis pulmones escapa un pequeño suspiro que regula mi respiración y le arranca una seductora sonrisa. Mis músculos faciales se relajan, también sonrío tímidamente.

-----Extiende su mano solicitando la mía, se la doy y la toma con gran delicadeza. Su tacto es más suave de lo que cabría esperar. Una caricia de su pulgar de nuevo eriza mi bello y una especie de “no sé qué” recorre todo mi cuerpo. Creo que incluso se me nubla la vista, o será que la oscuridad me dificulta el enfoque. Me muestra el camino invitándome a acompañarle y comenzamos a pasear. Cual damisela guiada hacia el paraíso, me dejo llevar, abriendo todos mis sentidos.

-----La oscuridad se cierne sobre el paisaje según nos alejamos del campamento. El lienzo muestra un presunto horizonte dibujado por el océano estelar. Cielo colmado por millones de lucecillas que observan, aparentemente impasivas, todo lo que sucede a sus pies. Estrellas guiadas por esa blanca y luminosa sonrisa que, recostada sobre la nada espacial, se dirige hacia oriente. No podemos ver nada, más allá del pequeño halo luminoso que desprende la candela. Sobre la marcha se van sucediendo diversas formaciones rocosas.

-----El olor es fresco, seco, ligeramente ácido, me recuerda al de una tiza. El sonio del silencio es ensordecedor. Puedo oír cómo nuestros pies descalzos navegan entre la fría y suave arena. Sus granitos corretean por mis empeines, entre mis dedos, me van masajeando. La mano firme y segura de Siossi me guía en forma cálida y serena.

-----El aire es el responsable de este escalofrío. Siossi me pasa mi chal, lo trae colgado del hombro, junto con una manta. Al ponérmelo el pasa su mano por mi espalda hasta alcanzar mi brazo para frotarlo.

-----Cuando el frío amenaza terminar con el relajante paseo, nos acercamos a una de las rocas. Siossi se sienta en la arena invitándome a imitarle. Me paro un momento, creo que estará fría. Con una sencilla pasada del brazo, retira la capa superficial de arena. Me siento a su lado confiando en su experiencia desértica, para comprobar de nuevo, que la arena, a poca profundidad, conserva la temperatura que el día le proporciona.

-----El cielo muestra sus mejores galas. Una suave brisa bate la luz de una llama. El cálido lecho, arropado por una vieja manta, presido la improvisada sala. La blanca caliza será un buen respaldo. Mi confortable almohadón me abraza seguro, dándome su protección. Acurrucada en su regazo, con espíritu libre y alma predispuesta, me dejo inundar por multitud de intensas sensaciones.

-----Pausada conversación da paso a un romántico juego en el que formamos figuras en el cielo, uniendo puntos estelares. Primero repaso astrológico, después derroche de imaginación. Es asombroso lo que esta cantidad de estrellas puede dar de sí. Las figuras sin sentido se transforman en comunicación, parece mentira todo lo que se puede decir con un dibujo, con un simple trazo en el aire…

-----El silencio se sienta con nosotros y nos mantiene a la espera de Morfeo que, no tarda en llegar. Dulces y protegidos sueños pasan conmigo el resto de la noche.





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